No soy novelista, pero hoy te traigo una historia. No te va a dejar con la boca abierta…pero puede que al menos te haga pensar, y yo habré cumplido con el objetivo del post.
Antes de nada: se trata de una metáfora ¿vale? Así que dale cancha a la imaginación porque no me gustaría que dejases de leer a eso de la mitad…
Para que sea más fácil (y no te aburras, dicho sea de paso), vamos a combinarlo con algo de visualización ¿te parece? Así que imagina que ya ha pasado la pandemia. La vacuna ha resultado ser muy eficaz, y ya no hay ingresos hospitalarios, ni confinamiento, ni mascarillas, ni nada de nada. Llevas un año entero deseando hacer una escapada de fin de semana a algún lugar perdido donde poder desconectar y relajarte.
Has reservado una habitación en una casa rural ubicada en un entorno idílico.
Después de desayunar sales a dar un paseo.
Vas caminando por un sendero cubierto de hojas.
Hay árboles a ambos lados.
Hace un día genial.
Has planeado varias actividades que no te quieres perder, y que además has reservado con mucha antelación.
También te han hablado de un restaurante en el pueblo vecino donde se come muy pero que muy bien.
(Un inciso aquí para aclarar que esas actividades y ese restaurante representan nuestros objetivos, nuestras metas, y que el sendero es la vida y nuestras circunstancias).
Así que caminas feliz de la vida sabiendo el día que tienes por delante.
Peeeero…de pronto te encuentras con una roca enorme en mitad del sendero. ¿Qué haces? Pues lo mismo que cualquiera: tirar de recursos.
Intentarías moverla. Coges un palo y haces palanca…
No funciona, así que empiezas a cavar a su alrededor a ver si así se mueve.
Nada…
Intentas empujar, y tampoco.
Pruebas a atarla con una cuerda y tirar…
Pruebas cientos de cosas, y ninguna funciona.
Te enfadas y te sientas, pensando que la vida es muy injusta, que tiene que haber una manera, que alguien se tiene que hacer cargo y venir a quitarla…
Aquí hay dos tipos de personas. Las que se quedan sentadas esperando a que la cosa cambie para poder seguir su camino tal y como tenían planeado, y las que piden ayuda.
Voy a suponer que tú eres el segundo tipo de persona, porque si eres del primer tipo de persona, la historia acaba aquí para ti. Sigue sentado/a esperando a que alguien venga y te quite la piedra (eso sí, antes de que anochezca y empiece a hacer frío), o a que con el paso de los años y el efecto de la atmósfera la piedra se desintegre y puedas seguir (es decir, pásate la vida esperando).
El segundo tipo de persona busca a un paisano, pide ayuda: “buenos días, mire, estaba yo tranquilamente caminando hacia mis objetivos y de repente una piedra enorme se ha puesto en mi camino. No hay manera de solucionar esto, lo he intentado todo. ¿Qué puedo hacer?”
A lo que el paisano responde: “¡Ah sí! Eso pasa muy a menudo. Tienes razón, no hay manera de quitarla. Pero no lo has probado todo. Hay otra solución, pero claro, implica mucho esfuerzo la verdad, y algún que otro cambio y renuncia. Pero si de verdad quieres llegar a ese sitio, lo que puedes hacer es deshacer lo andado y probar con otro camino. Es más largo, y no te puedo garantizar que no caigan piedras. Pero dado que en este ha caído una que no puedes quitar, podrías probar con ese otro”.
De nuevo dos tipos de persona. La que dice que no merece la pena el esfuerzo y se vuelve a sentar a esperar (de nuevo, si eres este tipo de persona, hasta aquí la historia para ti).
Y luego está la que decide probar. La que tiene el valor de reconocer que este camino, a pesar del que es el que quería y la mejor opción, ya no sirve, no se puede recorrer, y por tanto lo acepta y decide apostar por el cambio.
Puede hacerlo sola, o puede pedirle al paisano que la acompañe un rato, por si hay algún otro obstáculo por esos lares que no sabe manejar…
En cualquier caso, ella sigue. Puede que por ahí tampoco llegue, porque hay veces en las que la vida se nos pone en medio, y nos pasan cosas que nos ponen a prueba, cosas que no podemos manejar, cosas que no podemos cambiar, cosas para las que no contamos con recursos suficientes, etc.
No debes olvidar que en la vida influyen muchas cosas, como la suerte (sí, la suerte, existe y hay un poco de eso también), los privilegios de cada uno, la educación que has recibido, tu nivel socio-económico… Y eso de que si te lo propones puedes conseguirlo todo, no es cierto.
En definitiva, tu universo de posibilidades está sujeto a un contexto particular, y es necesario tenerlo en cuenta. No siempre conseguimos lo que queremos, y hay veces que unos lo tienen mejor que otros.
Pero esta estrategia, la de probar otros caminos, sin la certeza de que te llevan a donde tú quieres, pero que sí te sacan de donde estás, la tienes disponible. Los caminos son diferentes para cada uno, y en parte lo son porque los caminos llevan a lo que es importante para ti en la vida.
Mis caminos no son los tuyos, pero los recursos para caminar y sortear obstáculos se pueden compartir entre caminantes.
Lo importante aquí es tener claro a dónde quieres llegar, y después se trata de caminar en esa dirección con una mochila llena de herramientas.
¿Que por aquí no puedo? Pues intento todo lo que sé para conseguirlo, y si pasado un tiempo razonable e invertido un esfuerzo justificado no lo consigo, pues este no es mi camino, y probaré otros. A veces puedo necesitar ayuda, y eso está bien. A veces puedo darme cuenta de que el camino tan duro no merece la pena porque donde quiero llegar tampoco me interesa tanto.
O puede ser que por el camino descubra otros sitios que me interesan más y decido cambiar el rumbo.
Te habrás dado cuenta de que llevas leyendo un ratito y yo aún no he acabado la historia… Y es que la historia no termina (a no ser que seas el tipo de persona que te he dicho antes y permaneces sentado/a, esperando, y entonces la historia para ti ha terminado nada más comenzar prácticamente). Si eres el tipo de persona que actúa, tu historia no acaba. Se repite y se alarga hasta donde tú quieras, más o menos así: camino – piedra – alternativa – camino – piedra – alternativa… Algunas veces hay muchas piedras, y otras veces caminamos mucha distancia sin problemas.
Pero en cualquier caso, si encuentras una piedra, sentarse a esperar es la última opción. Confía en tus recursos, busca alternativas y toma decisiones. Y recuerda, pedir ayuda también es una buena alternativa.