Puedes pensar que es amor de madre, o tal vez que me guste presumir de hija. Pero la verdad es que simplemente algunos comportamientos de ella me fascinan y me inspiran.
Cada día debe llevar a la escuela un tentempié para el recreo, y debe ser fruta (aunque ella cada día me pide zanahoria, y no hay quien la saque de ahí…),a excepción de los viernes, que pueden llevar lo que quieran.
Son niños/as, y los viernes suelen llevar galletas, chocolatinas o cosas por el estilo.
El viernes pasado le pregunté qué quería llevar, y me dijo que fruta. Yo le recordé que era viernes y que podía llevar lo que quisiera, pero ella insistió y me dijo que quería granada. ¿Por qué? (Aquí es cuando aparece esa fascinación de la que te hablaba).
Me dijo que como estaba desayunando una tostada de crema de cacao (no revelo la marca, voy a hacer las cosas bien, como los/as blogueros/as de verdad), entonces quería fruta para no comer demasiado dulce.
Vamos a analizar bien esto. Primero partimos de la base. Mi hija tiene 7 años. Lo normal es que a esta edad no rechace este tipo de reforzadores —¡chocolate!— en pos de su salud. Si tú les dices que pueden elegir lo que quieran porque es viernes pues ellos entienden que tienen carta blanca y lo esperable es que le saquen jugo, y si pueden cambiar “alimento saludable” por “llevo lo que yo quiera” pues, a ver, esperas que elija lo segundo y que ni tan siquiera tenga en cuenta lo que ha desayunado.
Yo lo que veo es responsabilidad, y más allá, lo que veo que subyace a esta elección son valores. Es difícil para muchas personas adultas seguir hábitos saludables, a pesar de que sabemos las consecuencias de cometer excesos y alimentarnos de manera cuestionable a veces. Imagina para un/a niño/a que solo saben lo que es bueno o no para su salud porque se lo dice un adulto y ya. Tienen fe en ti o en su pediatra, pero nada más, porque no son capaces de comprender más allá y tan a largo plazo (“si comes mucho dulce, a medida que creces puedes tener problemas de salud y alguna enfermedad” — what??—).
Por tanto aquí la primera observación, responsabilidad y valores. ¿Qué más? Hablamos de toma de decisiones.
Como ya sabrás, cada decisión tiene consecuencias, y cada decisión nos hace normalmente renunciar a algo y conseguir otro algo. No se puede ganar todo siempre, si no no nos costaría decidir.
Ella ha tenido claro muy rápidamente que al elegir chocolate en el desayuno no está bien que vuelva a elegir chocolate como tentempié. Con mucho gusto hubiese elegido galletas, pero ha tomado una buena decisión, teniendo como centro su salud, una buena alimentación.
Traslademos esto al mundo adulto, a la toma de decisiones. Muchas veces nos cuesta este proceso, y le damos vueltas una y otra vez a lo mismo. Vamos a dejar de lado por ahora decisiones muy importantes o trascendentales, que tienen más miga, y nos quedamos con aquellas que vamos a llamar «de uso diario».
¿Qué debemos tener en cuenta para tomar una buena decisión? (no que sea moralmente buena ¿eh?, sino que sea buena para ti y en tu situación). Pues lo primero analizaremos pros y contras de decidir una cosa y la otra.
¿Qué más debo tener en cuenta? Pues que cada decisión conlleva una pérdida y una ganancia, como te decía. Acepta que vas a renunciar a algo, y que esa renuncia es porque persigues algo que quieres más o que es mejor para ti…
¿Qué otra recomendación te haría yo y que te puede ayudar a tomar mejores decisiones PARA TI? Tener presentes siempre siempre siempre tus valores. Mi hija en este caso ha abogado por la responsabilidad y por la salud (creo que son muy buenos valores, personalmente).
Si sabes cuáles son tus valores (el post “Encuentra tu faro” te puede ser útil aquí), te resultará más fácil tomar decisiones. Cuanto más claros los tengas, mejor.
Y no olvides que no nacemos con unos valores puestos, fijos e inamovibles. Unos valores se heredan, otros se eligen y se aprenden, y todos se trabajan (te recomiendo muy mucho el ejercicio del jardín).
A tomar decisiones también se puede aprender, pero otro día te cuento sobre esto más en profundidad. Hoy hasta aquí.
Hasta pronto,
Un abrazo.
P.D. ¿Quieres saber por qué me ha fascinado tanto la decisión de mi hija? Probablemente el resto de la clase lleve galletas y chocolate al recreo, y ella será la única con fruta, pareciendo “la hija de los/as padres/madres que van de guays/súper healthy” (que te adelanto que no es cierto, porque en mi casa también comemos pizzas y helados). A ella no le ha importado la identidad grupal o seguir al rebaño. Ha priorizado su decisión libre a seguir al resto. Eso es lo que más me ha gustado, el valor del respeto, respeto hacia sí misma y hacia lo que ella cree (aunque nada de esto haya sido consciente para ella, porque su decisión ha sido espontánea. Pero precisamente porque estaba impregnada de valores).
P.D. ¿Por qué este título? «Laisser faire» es la expresión francesa para «dejar hacer». Y lo he elegido para enfatizar la importancia de dejar a los demás libertad para que tomen sus propias decisiones, y sin dejarse influenciar por el rebaño.