Pensar mucho cansa, pero es buena droga 

Cuando uno busca, encuentra. Esto es así.

Si yo creo algo, mi mente cambia de modo, y automáticamente pone el foco en aquello que confirma mi hipótesis. Todo lo que la desmiente queda fuera.

Tiene su lógica…Tu mente quiere lo mejor para ti, tranquilidad, todo facilito y cero esfuerzo. Y cambiar de hipótesis, o buscar más argumentos que la apoyen da trabajo. 

No. Tu mente no quiere eso. Es más fácil confirmar lo que ya piensas, y todos contentos.

Entiendo que has captado el tono ¿verdad? Exacto, era ironía.

Por supuesto que es mejor dejar las cosas como están, más cómodo. Pero es una trampa que nos ponemos nosotros mismos. 

La verdadera inteligencia es aquella que cuestiona. Es maravilloso cultivar nuestro propio criterio y ser fieles a él, porque actuar con criterio te llevará por buen camino. Pero tener pensamiento crítico es igual de maravilloso, y eso incluye la autocrítica.

Pegarle un lavado de vez en cuando a nuestros criterios no está de más. Si después de un análisis sigues pensando que tus criterios están bien como están, pues estupendo. Pero si hay algo que de una forma u otra te llama la atención, préstasela. Cuestiónate de vez en cuando, pasa tiempo a solas y haz limpieza en el “ático”, pégale un buen repaso de vez en cuando.

Es costoso, lo sé, pero los beneficios son muchos. Uno de ellos es que te protege un poco más de la manipulación. 

La gente se cree todo aquello que apoya su visión del mundo. Si tú tienes una idea, por muy vaga que sea, y hay personas que alimentan esa idea, puede que estés corriendo riesgos. Qué sé yo, la ignorancia es la madre del atrevimiento. Si te dejas llevar, sin esfuerzo, como uno es arrastrado por la corriente y se rinde, puede que tus pensamientos estén lejos de tu criterio y acabes pensando como los demás, pero no sabes cómo has llegado ahí, no lo sabes argumentar ni justificar. 

No me malinterpretes…Está muy bien subirse a determinadas corrientes e identificarte con algunas ideologías. Pero jamás dejes de revisar tus criterios, jamás te sueltes de la mano del pensamiento crítico, jamás des todo por sentado para siempre.

Las conversaciones son mucho más interesantes cuando uno pregunta, aporta, reflexiona, contrasta, debate, escucha muchas opiniones diferentes… Nadar en el pensamiento y no seguir siempre la misma corriente puede resultar enriquecedor. Y a mí personalmente me sirve mucho aprender a escuchar en vez de hablar… Y aprovecho mi silencio para tomar notas.

Me gusta escuchar. Me gusta hablar. Me gusta pensar. Me gusta aprender. Me gusta escribir. Y algún día me gustaría enseñar. De una forma o de otra, procuro hacer todo esto cada día.

A ti pueden gustarte otras cosas, pero te animo a que tengas todo esto en cuenta y lo incorpores a tu vida. Si no te sirve o no resuena contigo, pues a otra cosa. Y si te ayuda en algo, me encantaría que me lo contases y que podamos tener una de esas conversaciones que hacen que el tiempo pase volando. 

Hablemos de ansiedad y del síndrome FOMO

Lejos de darte una clase magistral acerca de qué es la ansiedad, ejes de respuesta, consecuencias y todo eso, te voy a contar algo que tal vez no te guste.

La ansiedad es muchas cosas, pero sobre todo es una gran aliada. Eso no quiere decir que nos tenga que gustar o que nos resulte fácil convivir con ella.

Cuando sentimos ansiedad, enseguida corremos a hacer cosas para taparla, como se hace con los parches en los rotos del pantalón. ¿Qué tipo de cosas hacemos? Mil y una. Desde atiborrarnos a ansiolíticos hasta llenarnos la agenda con el objetivo de mantenernos ocupados/as para no pensar ni sentir. También es poner un parche, beber, fumar, comer, comprar… Pero, ¿y si te digo que aquí hay un potencial que desplegar? 

Para explicarme mejor voy a hablarte del síndrome FOMO (fear of missing out). ¿Alguna vez has sentido que, no importa donde estés, no acabas de sentirte a gusto? Como que siempre quieres estar en otro sitio. El síndrome FOMO se refiere al miedo a estar perdiéndote algo, y te lleva a compararte con la vida de los demás. ¿La consecuencia? Los demás viven mejor, son más felices, hacen más cosas y sienten más satisfacción que yo. Eso es lo que nos lleva a pensar este síndrome.

Estarás de acuerdo conmigo en que esto genera mucha ansiedad, porque claro, a ver si me voy a estar equivocando de vida, a ver si en vez de esto debería elegir lo otro, a ver si estoy perdiendo el tiempo con esto, y a mi edad… ¿Qué mal no? Apesta a insatisfacción. Y es que encima tiene una cara B, que es el bloqueo a la hora de tomar decisiones, no vaya a ser que me equivoque y me arrepienta, y me esté perdiendo algo…

He aquí un apunte: no todo es culpa nuestra. Es nuestra responsabilidad no entrenar el músculo de la toma de decisiones — spoiler: tiene solución, y es relativamente fácil salir del atascamiento—. Pero, tal y como está planteado el mundo, me atrevería a decir que un alto porcentaje de la población ha caído en esto de sentir angustia por no saber para dónde tirar y encima no encontrar satisfacción estando como está.

El mundo cambia a una velocidad que a veces da vértigo. La realidad nos atropella. Cuando aprendes algo y lo compartes, de repente hay alguien que te dice que eso ya no es así, y lo que has comprado hace dos meses está obsoleto, y lo que hace un año era sanísimo ahora es tóxico y aumenta el riesgo de cáncer… No me extraña que tengamos esa sensación de que si voy por aquí me estoy equivocando y además me estoy perdiendo cantidad de opciones… El resumen es que hay que correr y coger lo que puedas por el camino, pero rápido porque eso se va y no vuelve. Pero es que todavía hay más, porque para aliviar esa ansiedad y esa angustia, hacemos un montón de cosas, y eso también no estresa. !Toma! Hay tanto donde elegir, tantas opciones, tanta información, tantos estímulos, que todo nos resulta verdaderamente abrumador. Qué pequeños somos verdad? Estoy segura de que tú también crees que mucha, muchísima gente, se siente atrapada en este remolino o ha estado cerca alguna vez.

Tal vez la respuesta la encontremos en la siguiente premisa: no sabemos perder. No nos han enseñado a perder. Lógicamente, todo el mundo quiere ganar, pero no se puede ganar siempre y ganarlo todo, sin riesgos, sin pérdidas, sin una mínima inversión o sacrificio. Cada vez que tenemos que tomar una decisión nos atascamos en el proceso, porque buscamos un win-win, sin costes y con todo el beneficio. Estarás de acuerdo conmigo en que esto genera un gran sufrimiento. Y no solo eso, ya que puedes hacerte una idea de cuántas vidas se quedan como están por una incapacidad para decidir, por miedo a perder. 

Pero déjame decirte que cuando tengamos que tomar una decisión, y más si es importante, tendremos que sacrificar algo. Y no pasa nada, así está bien. Es mejor centrarse en lo que has ganado, y asumir que para conseguir eso hay que pagar un peaje, pero que merece la pena.

Una clave para salir del atascamiento es recordar quién eres, cuáles son tus necesidades, tus sueños — qué le pides a la vida —, tus objetivos, etc. ¿Acaso sabes cómo quieres que sea tu vida? ¿Cómo te ves dentro de 10 años? Un error muy común —y aquí otra vez nos viene la ansiedad— es que tenemos muchos planes y proyectos, y los queremos hacer todos a la vez. Para esto, prioriza, haz un plan a medio-largo plazo que contemple todo, pero no a la vez. Y si a medida que avanzas, cambias de planes, tampoco pasa nada. El plan de vida se va haciendo y deshaciendo sobre la marcha, pero ganas mucho si asientas las bases.

Esto que te propongo no es más que un intento de poner tu vida en equilibrio, de poner lo importante en el centro y después añadir lo demás.

Con este post quiero que pienses en qué cosas son las que te hacen balancear, las que te sacuden y te mueven de tu centro, las que te angustian y te llevan a comportamientos reparadores, como comprar, discutir, comer de manera impulsiva, no dormir… No busques tapar ni poner un parche.  Mira de frente, asume y soluciona. Los síntomas que tienes, tu angustia, tus agobios, no son rotos a remendar. Todo eso nos habla a veces alto y claro, nos dan pistas de lo que está fallando en nuestra vida, y por tanto tenemos una oportunidad para desarrollar nuestro potencial.

Discúlpeme si no le agrado, es que quiero ser feliz

Esta mañana he leído un post muy interesante en redes sociales, publicado por una psicóloga de las de verdad, de las que tienen años de formación a sus espaldas y no llenan sus blogs de frases preciosas pero vacías de contenido. Lo que venía a decir es que, desde nuestra infancia, se nos enseña a mejorar en aquello que se nos da peor, con un “tienes que esforzarte más” — ¡ja! como si siempre fuera solo cuestión de esfuerzo la cosa —, y en lo que se nos daba bien recibíamos un “qué bien, sigue así”. El ejemplo que ella ponía es que si sacábamos un 5 en matemáticas y un 10 en música, nos apuntaban a clases de matemáticas y no de música.

Por eso me ha apetecido volver a hablarte de la Psicología Positiva. Esta corriente de la psicología estudia aquello que es bueno para la vida. Entre otras cosas, se centra en el bienestar psicológico y en el desarrollo de fortalezas y habilidades como medio para lograr el desarrollo óptimo de la persona, y por tanto, que ésta consiga una vida que merezca la pena ser vivida.

La Psicología Positiva considera que la búsqueda de la felicidad pasa por disfrutar del camino, de la vida, y por eso no entiende la felicidad como un fin o un objetivo. Por eso te decía en mi post de Instagram (@naiararuigomez por si tienes Instagram y, si no tienes, te lo cuento ahora) que hay dos opciones: la primera es desarrollar esas habilidades y fortalezas para alcanzar la excelencia y ser brillante en aquello que mejor se te da; o la segunda opción, totalmente legítima también, de intentar mejorar en aquello que no se nos da bien y llegar a estar en la media.

Esta segunda opción no es mala, porque el desarrollo personal siempre es buena opción. Elegir esforzarse en ser mejor persona, en ser una mejor versión de ti mismo/a es positivo y digno de alabanza.

Sin embargo, si tuviese que elegir entre las dos opciones, yo me quedo con la primera por varias razones.

La primera, porque disfrutaría mucho más haciendo más de algo que me gusta, y además, si se me da bien, mi autoestima sale fortalecida y mejora mi percepción de autoeficacia. Por último, el camino es mejor, disfrutas haciendo y no te centras sólo en la meta. Ya te he dicho antes que la felicidad no es el fin, sino el camino.

La segunda razón es porque perseguir sueños ajenos o cumplir las expectativas de otros te convierte en una persona infeliz. Te decía que es genial querer mejorar, pero en el caso que hoy te traigo no se trata de un deseo intrínseco por el desarrollo personal. En este caso se trata de querer mejorar algo que los demás consideran que no es suficiente.

Esto de esforzarse por cumplir expectativas ajenas en un problema muy común, relacionado también con el perfeccionismo, por ejemplo. Muchas personas son perfeccionistas para cumplir con las expectativas de otros, lo cual genera mucho desgaste, frustración, culpa, insatisfacción, etc.

Así que he aquí mi pregunta para ti: si tuvieses que elegir en qué inviertes tus esfuerzos ¿con qué opción te quedas? ¿Mejorarías en aquello que te gusta y además se te da bien para ser mucho mejor aún? 

Hoy lo dejamos aquí, y otro día te cuento más sobre ese gran lastre que es el perfeccionismo. Ya sabes, todo en su justa medida está bien, pero la autoexigencia y la perfección llevadas al extremo traen consigo mucho sufrimiento.

Lo dicho, hasta aquí por hoy. Te deseo un buen fin de semana y que tengas la oportunidad de hacer cosas que te hagan disfrutar.

Me parece buena idea no pasarse la vida intentando complacer a los demás. Si no te complaces a ti mismo, acabarás sin complacer a nadie. Pero si te complaces a ti mismo, quizás complazcas a alguien más.

Groucho Marx

Si te sientas pierdes turno

No soy novelista, pero hoy te traigo una historia. No te va a dejar con la boca abierta…pero puede que al menos te haga pensar, y yo habré cumplido con el objetivo del post.

Antes de nada: se trata de una metáfora ¿vale? Así que dale cancha a la imaginación porque no me gustaría que dejases de leer a eso de la mitad…

Para que sea más fácil (y no te aburras, dicho sea de paso), vamos a combinarlo con algo de visualización ¿te parece? Así que imagina que ya ha pasado la pandemia. La vacuna ha resultado ser muy eficaz, y ya no hay ingresos hospitalarios, ni confinamiento, ni mascarillas, ni nada de nada. Llevas un año entero deseando hacer una escapada de fin de semana a algún lugar perdido donde poder desconectar y relajarte. 

Has reservado una habitación en una casa rural ubicada en un entorno idílico. 

Después de desayunar sales a dar un paseo. 

Vas caminando por un sendero cubierto de hojas. 

Hay árboles a ambos lados. 

Hace un día genial.

Has planeado varias actividades que no te quieres perder, y que además has reservado con mucha antelación. 

También te han hablado de un restaurante en el pueblo vecino donde se come muy pero que muy bien. 

(Un inciso aquí para aclarar que esas actividades y ese restaurante representan nuestros objetivos, nuestras metas, y que el sendero es la vida y nuestras circunstancias).

Así que caminas feliz de la vida sabiendo el día que tienes por delante.

Peeeero…de pronto te encuentras con una roca enorme en mitad del sendero. ¿Qué haces? Pues lo mismo que cualquiera: tirar de recursos.

Intentarías moverla. Coges un palo y haces palanca…

No funciona, así que empiezas a cavar a su alrededor a ver si así se mueve. 

Nada…

Intentas empujar, y tampoco.

Pruebas a atarla con una cuerda y tirar…

Pruebas cientos de cosas, y ninguna funciona.

Te enfadas y te sientas, pensando que la vida es muy injusta, que tiene que haber una manera, que alguien se tiene que hacer cargo y venir a quitarla…

Aquí hay dos tipos de personas. Las que se quedan sentadas esperando a que la cosa cambie para poder seguir su camino tal y como tenían planeado, y las que piden ayuda.

Voy a suponer que tú eres el segundo tipo de persona, porque si eres del primer tipo de persona, la historia acaba aquí para ti. Sigue sentado/a esperando a que alguien venga y te quite la piedra (eso sí, antes de que anochezca y empiece a hacer frío), o a que con el paso de los años y el efecto de la atmósfera la piedra se desintegre y puedas seguir (es decir, pásate la vida esperando).

El segundo tipo de persona busca a un paisano, pide ayuda: “buenos días, mire, estaba yo tranquilamente caminando hacia mis objetivos y de repente una piedra enorme se ha puesto en mi camino. No hay manera de solucionar esto, lo he intentado todo. ¿Qué puedo hacer?”

A lo que el paisano responde: “¡Ah sí! Eso pasa muy a menudo. Tienes razón, no hay manera de quitarla. Pero no lo has probado todo. Hay otra solución, pero claro, implica mucho esfuerzo la verdad, y algún que otro cambio y renuncia. Pero si de verdad quieres llegar a ese sitio, lo que puedes hacer es deshacer lo andado y probar con otro camino. Es más largo, y no te puedo garantizar que no caigan piedras. Pero dado que en este ha caído una que no puedes quitar, podrías probar con ese otro”.

De nuevo dos tipos de persona. La que dice que no merece la pena el esfuerzo y se vuelve a sentar a esperar (de nuevo, si eres este tipo de persona, hasta aquí la historia para ti).

Y luego está la que decide probar. La que tiene el valor de reconocer que este camino, a pesar del que es el que quería y la mejor opción, ya no sirve, no se puede recorrer, y por tanto lo acepta y decide apostar por el cambio.

Puede hacerlo sola, o puede pedirle al paisano que la acompañe un rato, por si hay algún otro obstáculo por esos lares que no sabe manejar…

En cualquier caso, ella sigue. Puede que por ahí tampoco llegue, porque hay veces en las que la vida se nos pone en medio, y nos pasan cosas que nos ponen a prueba, cosas que no podemos manejar, cosas que no podemos cambiar, cosas para las que no contamos con recursos suficientes, etc.

No debes olvidar que en la vida influyen muchas cosas, como la suerte (sí, la suerte, existe y hay un poco de eso también), los privilegios de cada uno, la educación que has recibido, tu nivel socio-económico… Y eso de que si te lo propones puedes conseguirlo todo, no es cierto.

En definitiva, tu universo de posibilidades está sujeto a un contexto particular, y es necesario tenerlo en cuenta. No siempre conseguimos lo que queremos, y hay veces que unos lo tienen mejor que otros.

Pero esta estrategia, la de probar otros caminos, sin la certeza de que te llevan a donde tú quieres, pero que sí te sacan de donde estás, la tienes disponible. Los caminos son diferentes para cada uno, y en parte lo son porque los caminos llevan a lo que es importante para ti en la vida.

Mis caminos no son los tuyos, pero los recursos para caminar y sortear obstáculos se pueden compartir entre caminantes. 

Lo importante aquí es tener claro a dónde quieres llegar, y después se trata de caminar en esa dirección con una mochila llena de herramientas.

¿Que por aquí no puedo? Pues intento todo lo que sé para conseguirlo, y si pasado un tiempo razonable e invertido un esfuerzo justificado no lo consigo, pues este no es mi camino, y probaré otros. A veces puedo necesitar ayuda, y eso está bien. A veces puedo darme cuenta de que el camino tan duro no merece la pena porque donde quiero llegar tampoco me interesa tanto.

O puede ser que por el camino descubra otros sitios que me interesan más y decido cambiar el rumbo. 

Te habrás dado cuenta de que llevas leyendo un ratito y yo aún no he acabado la historia… Y es que la historia no termina (a no ser que seas el tipo de persona que te he dicho antes y permaneces sentado/a, esperando, y entonces la historia para ti ha terminado nada más comenzar prácticamente). Si eres el tipo de persona que actúa, tu historia no acaba. Se repite y se alarga hasta donde tú quieras, más o menos así: camino – piedra – alternativa – camino – piedra – alternativa… Algunas veces hay muchas piedras, y otras veces caminamos mucha distancia sin problemas.

Pero en cualquier caso, si encuentras una piedra, sentarse a esperar es la última opción. Confía en tus recursos, busca alternativas y toma decisiones. Y recuerda, pedir ayuda también es una buena alternativa.

«Laisser faire»

Puedes pensar que es amor de madre, o tal vez que me guste presumir de hija. Pero la verdad es que simplemente algunos comportamientos de ella me fascinan y me inspiran.

Cada día debe llevar a la escuela un tentempié para el recreo, y debe ser fruta (aunque ella cada día me pide zanahoria, y no hay quien la saque de ahí…),a excepción de los viernes, que pueden llevar lo que quieran.

Son niños/as, y los viernes suelen llevar galletas, chocolatinas o cosas por el estilo.

El viernes pasado le pregunté qué quería llevar, y me dijo que fruta. Yo le recordé que era viernes y que podía llevar lo que quisiera, pero ella insistió y me dijo que quería granada. ¿Por qué? (Aquí es cuando aparece esa fascinación de la que te hablaba).

Me dijo que como estaba desayunando una tostada de crema de cacao (no revelo la marca, voy a hacer las cosas bien, como los/as blogueros/as de verdad), entonces quería fruta para no comer demasiado dulce.

Vamos a analizar bien esto. Primero partimos de la base. Mi hija tiene 7 años. Lo normal es que a esta edad no rechace este tipo de reforzadores —¡chocolate!— en pos de su salud. Si tú les dices que pueden elegir lo que quieran porque es viernes pues ellos entienden que tienen carta blanca y lo esperable es que le saquen jugo, y si pueden cambiar “alimento saludable” por “llevo lo que yo quiera” pues, a ver, esperas que elija lo segundo y que ni tan siquiera tenga en cuenta lo que ha desayunado. 

Yo lo que veo es responsabilidad, y más allá, lo que veo que subyace a esta elección son valores. Es difícil para muchas personas adultas seguir hábitos saludables, a pesar de que sabemos las consecuencias de cometer excesos y alimentarnos de manera cuestionable a veces. Imagina para un/a niño/a que solo saben lo que es bueno o no para su salud porque se lo dice un adulto y ya. Tienen fe en ti o en su pediatra, pero nada más, porque no son capaces de comprender más allá y tan a largo plazo (“si comes mucho dulce, a medida que creces puedes tener problemas de salud y alguna enfermedad” — what??—).

Por tanto aquí la primera observación, responsabilidad y valores. ¿Qué más? Hablamos de toma de decisiones.

Como ya sabrás, cada decisión tiene consecuencias, y cada decisión nos hace normalmente renunciar a algo y conseguir otro algo. No se puede ganar todo siempre, si no no nos costaría decidir. 

Ella ha tenido claro muy rápidamente que al elegir chocolate en el desayuno no está bien que vuelva a elegir chocolate como tentempié. Con mucho gusto hubiese elegido galletas, pero ha tomado una buena decisión, teniendo como centro su salud, una buena alimentación.

Traslademos esto al mundo adulto, a la toma de decisiones. Muchas veces nos cuesta este proceso, y le damos vueltas una y otra vez a lo mismo. Vamos a dejar de lado por ahora decisiones muy importantes o trascendentales, que tienen más miga, y nos quedamos con aquellas que vamos a llamar «de uso diario».

¿Qué debemos tener en cuenta para tomar una buena decisión? (no que sea moralmente buena ¿eh?, sino que sea buena para ti y en tu situación). Pues lo primero analizaremos pros y contras de decidir una cosa y la otra. 

¿Qué más debo tener en cuenta? Pues que cada decisión conlleva una pérdida y una ganancia, como te decía. Acepta que vas a renunciar a algo, y que esa renuncia es porque persigues algo que quieres más o que es mejor para ti…

¿Qué otra recomendación te haría yo y que te puede ayudar a tomar mejores decisiones PARA TI? Tener presentes siempre siempre siempre tus valores. Mi hija en este caso ha abogado por la responsabilidad y por la salud (creo que son muy buenos valores, personalmente). 

Si sabes cuáles son tus valores (el post “Encuentra tu faro te puede ser útil aquí), te resultará más fácil tomar decisiones. Cuanto más claros los tengas, mejor.

Y no olvides que no nacemos con unos valores puestos, fijos e inamovibles. Unos valores se heredan, otros se eligen y se aprenden, y todos se trabajan (te recomiendo muy mucho el ejercicio del jardín).

A tomar decisiones también se puede aprender, pero otro día te cuento sobre esto más en profundidad. Hoy hasta aquí.

Hasta pronto,

Un abrazo.

P.D. ¿Quieres saber por qué me ha fascinado tanto la decisión de mi hija? Probablemente el resto de la clase lleve galletas y chocolate al recreo, y ella será la única con fruta, pareciendo “la hija de los/as padres/madres que van de guays/súper healthy” (que te adelanto que no es cierto, porque en mi casa también comemos pizzas y helados). A ella no le ha importado la identidad grupal o seguir al rebaño. Ha priorizado su decisión libre a seguir al resto. Eso es lo que más me ha gustado, el valor del respeto, respeto hacia sí misma y hacia lo que ella cree (aunque nada de esto haya sido consciente para ella, porque su decisión ha sido espontánea. Pero precisamente porque estaba impregnada de valores).

P.D. ¿Por qué este título? «Laisser faire» es la expresión francesa para «dejar hacer». Y lo he elegido para enfatizar la importancia de dejar a los demás libertad para que tomen sus propias decisiones, y sin dejarse influenciar por el rebaño. 

Mi mente me pone la zancadilla

Hola de nuevo, aquí estoy como cada semana, pandemia mediante, para contarte algo que te pueda servir. Tal vez no ahora, pero puede que más adelante. De todas las maneras, como dice mi colega María Fornet, coge lo que te sirva y deja el resto.

Hoy vengo a contarte algo sobre el autoconocimiento. Este tema da para mucho, y me encanta. Pero prometo ser breve.

El caso es que se habla mucho de esto pero se practica muy poco. Conozco poca gente que no caiga en la tentación de sacar el móvil cuando está sola. En el transporte público, en una sala de espera, en una cafetería… Nos soportamos más bien poco diría yo.

Nos incomoda pasar tiempo con nosotros/as mismos/as. Pero ¿cómo vamos a conocernos si no pasamos tiempo en silencio, sin echar mano de la tecnología para no escuchar lo que nos pasa por la cabeza?

Nuestro ruido interno es el que más nos molesta.

Y tampoco podemos conocernos si cerramos el paso a la autocrítica. Si no nos sometemos a juicio de vez en cuando, vamos a seguir cayendo en los mismos errores, vamos a seguir haciendo las mismas cosas y esperar sin embargo que el resultado sea diferente.

Es bueno someterse a examen de vez en cuando. No para fustigarnos. Sino para conocer en lo que somos buenos/as y en lo que no lo somos tanto. Este es un buen paso para comenzar a crecer.

Pero a lo que iba. Gracias al autoconocimiento y a someterse a un “auto-interrogatorio” he caído en algo. He sido capaz de darme cuenta de que cuando muchas cosas me rondan la cabeza, me cargo más emocionalmente, y por tanto me trato peor a mí misma.

Y me doy cuenta de que estoy más sensible y las cosas me afectan más. Me hablo peor a mí misma, me exijo más y no me permito un error. Si se da tal cosa, enseguida me culpo por ello.

¿Pero sabes qué? ¡Es genial que me haya dado cuenta!

Porque la próxima vez que detecte todas esas cosas, sabré que no soy yo el problema. Sino que el problema está en cómo estoy interpretando las cosas.

Me explico. Ante una situación, hacemos una interpretación de lo que ha ocurrido. Esto está cargado de subjetividad, porque cada persona interpreta dependiendo de las experiencias pasadas, de su sistema de creencias, etc. 

Por eso se dice que nadie vive en el mundo real, porque lo cierto es que cada persona interpreta el contexto que la rodea a su manera, influenciada por múltiples factores. Cada persona vive en su realidad.

Bueno, sigo. Te decía que hacemos una interpretación, y en función de nuestros pensamientos pues se genera en nosotros/as una emoción. Depende de cómo pensamos, sentimos.

Y derivado de nuestros pensamientos y de nuestras emociones tienen lugar determinadas consecuencias, es decir, nuestro comportamiento, nuestra conducta.

Esto es un esquema muy muy básico, pero nos permite comprender cómo funcionamos.

¿Vamos con un ejemplo? Alguien cercano a ti te ha contestado hoy de manera rara, así como mal (situación). Entonces piensas que está molesto/a contigo por algo (pensamiento). Esto te hace estar un buen rato dándole vueltas y te hace sentir mal. Te enfadas porque no entiendes por qué está así contigo, y a la vez estás triste porque no te gusta la situación (emociones). Cuando os habéis vuelto a encontrar, como te sientes molesta, esta vez eres tú quien se mantiene distante y poco receptivo/a (consecuencia/conducta).

Ahora el mismo ejemplo, pero con otra interpretación. En vez de pensar que esa persona está enfadada conmigo pienso que algo le pasa, tal vez tenga un mal día. Mi emoción en este caso es de preocupación, y por tanto mi conducta será preguntarle que por qué me ha hablado así, le pregunto si está bien y si la puedo ayudar.

Como ves, pensamientos, emociones y consecuencias son bien distintas dependiendo de cómo yo interpreto lo que sucede.

Pues esto es lo que me pasa a mí de vez en cuando. Me doy cuenta de que estoy nublada por mis emociones (que bien puede ser por falta de sueño, cansancio, la regla, o qué sé yo), y es hace que me deje llevar mucho por ellas y mis pensamientos se contaminen, y sean más negativos.

¿Qué hago cuando me percato de que estoy entrando en terreno pantanoso? Pues me digo a mí misma que las cosas no son tan tan como yo las estoy pintando, y que seguramente esto me pasa en otro momento y no lo veo de esta manera. Así que dejo ese asunto para otro momento y no intento resolverlo por el momento. Tomo distancia de mis pensamientos, no me identifico con ellos. Esos pensamientos son así en ese momento por mi estado emocional y por las circunstancias.

Si me digo a mí misma que soy un desastre, no me identifico con ello, y enseguida cambio esto por “yo no soy un desastre, sino que esto que he hecho me ha salido mal, y ya me saldrá mejor, o tal vez no, pero no soy yo el desastre, sino que ahora no tengo recursos personales para hacer esto bien”.

¿Se entiende la diferencia?

Bueno, he prometido ser breve pero no sé yo… Cuando hablo de psicología me vengo arriba y me cuesta parar.

Te recuerdo, coge lo que te sirva y deja el resto.

Hasta pronto,

un abrazo.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar