Lejos de darte una clase magistral acerca de qué es la ansiedad, ejes de respuesta, consecuencias y todo eso, te voy a contar algo que tal vez no te guste.
La ansiedad es muchas cosas, pero sobre todo es una gran aliada. Eso no quiere decir que nos tenga que gustar o que nos resulte fácil convivir con ella.
Cuando sentimos ansiedad, enseguida corremos a hacer cosas para taparla, como se hace con los parches en los rotos del pantalón. ¿Qué tipo de cosas hacemos? Mil y una. Desde atiborrarnos a ansiolíticos hasta llenarnos la agenda con el objetivo de mantenernos ocupados/as para no pensar ni sentir. También es poner un parche, beber, fumar, comer, comprar… Pero, ¿y si te digo que aquí hay un potencial que desplegar?
Para explicarme mejor voy a hablarte del síndrome FOMO (fear of missing out). ¿Alguna vez has sentido que, no importa donde estés, no acabas de sentirte a gusto? Como que siempre quieres estar en otro sitio. El síndrome FOMO se refiere al miedo a estar perdiéndote algo, y te lleva a compararte con la vida de los demás. ¿La consecuencia? Los demás viven mejor, son más felices, hacen más cosas y sienten más satisfacción que yo. Eso es lo que nos lleva a pensar este síndrome.
Estarás de acuerdo conmigo en que esto genera mucha ansiedad, porque claro, a ver si me voy a estar equivocando de vida, a ver si en vez de esto debería elegir lo otro, a ver si estoy perdiendo el tiempo con esto, y a mi edad… ¿Qué mal no? Apesta a insatisfacción. Y es que encima tiene una cara B, que es el bloqueo a la hora de tomar decisiones, no vaya a ser que me equivoque y me arrepienta, y me esté perdiendo algo…
He aquí un apunte: no todo es culpa nuestra. Es nuestra responsabilidad no entrenar el músculo de la toma de decisiones — spoiler: tiene solución, y es relativamente fácil salir del atascamiento—. Pero, tal y como está planteado el mundo, me atrevería a decir que un alto porcentaje de la población ha caído en esto de sentir angustia por no saber para dónde tirar y encima no encontrar satisfacción estando como está.
El mundo cambia a una velocidad que a veces da vértigo. La realidad nos atropella. Cuando aprendes algo y lo compartes, de repente hay alguien que te dice que eso ya no es así, y lo que has comprado hace dos meses está obsoleto, y lo que hace un año era sanísimo ahora es tóxico y aumenta el riesgo de cáncer… No me extraña que tengamos esa sensación de que si voy por aquí me estoy equivocando y además me estoy perdiendo cantidad de opciones… El resumen es que hay que correr y coger lo que puedas por el camino, pero rápido porque eso se va y no vuelve. Pero es que todavía hay más, porque para aliviar esa ansiedad y esa angustia, hacemos un montón de cosas, y eso también no estresa. !Toma! Hay tanto donde elegir, tantas opciones, tanta información, tantos estímulos, que todo nos resulta verdaderamente abrumador. Qué pequeños somos verdad? Estoy segura de que tú también crees que mucha, muchísima gente, se siente atrapada en este remolino o ha estado cerca alguna vez.
Tal vez la respuesta la encontremos en la siguiente premisa: no sabemos perder. No nos han enseñado a perder. Lógicamente, todo el mundo quiere ganar, pero no se puede ganar siempre y ganarlo todo, sin riesgos, sin pérdidas, sin una mínima inversión o sacrificio. Cada vez que tenemos que tomar una decisión nos atascamos en el proceso, porque buscamos un win-win, sin costes y con todo el beneficio. Estarás de acuerdo conmigo en que esto genera un gran sufrimiento. Y no solo eso, ya que puedes hacerte una idea de cuántas vidas se quedan como están por una incapacidad para decidir, por miedo a perder.
Pero déjame decirte que cuando tengamos que tomar una decisión, y más si es importante, tendremos que sacrificar algo. Y no pasa nada, así está bien. Es mejor centrarse en lo que has ganado, y asumir que para conseguir eso hay que pagar un peaje, pero que merece la pena.
Una clave para salir del atascamiento es recordar quién eres, cuáles son tus necesidades, tus sueños — qué le pides a la vida —, tus objetivos, etc. ¿Acaso sabes cómo quieres que sea tu vida? ¿Cómo te ves dentro de 10 años? Un error muy común —y aquí otra vez nos viene la ansiedad— es que tenemos muchos planes y proyectos, y los queremos hacer todos a la vez. Para esto, prioriza, haz un plan a medio-largo plazo que contemple todo, pero no a la vez. Y si a medida que avanzas, cambias de planes, tampoco pasa nada. El plan de vida se va haciendo y deshaciendo sobre la marcha, pero ganas mucho si asientas las bases.
Esto que te propongo no es más que un intento de poner tu vida en equilibrio, de poner lo importante en el centro y después añadir lo demás.
Con este post quiero que pienses en qué cosas son las que te hacen balancear, las que te sacuden y te mueven de tu centro, las que te angustian y te llevan a comportamientos reparadores, como comprar, discutir, comer de manera impulsiva, no dormir… No busques tapar ni poner un parche. Mira de frente, asume y soluciona. Los síntomas que tienes, tu angustia, tus agobios, no son rotos a remendar. Todo eso nos habla a veces alto y claro, nos dan pistas de lo que está fallando en nuestra vida, y por tanto tenemos una oportunidad para desarrollar nuestro potencial.