Con cariño y buena letra

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos haciendo cosas. Pero, ¿cuántas de esas cosas hacemos de manera consciente? ¿Cuánto cariño y dedicación hay en esas acciones?

Hacer las cosas con una buena actitud, con paciencia y con amor, tiene múltiples beneficios a nivel personal, en nuestras relaciones y en nuestro desempeño. 

  1. Te enfocas en los detalles y te esfuerzas en conseguir un resultado satisfactorio. Esto te lleva a un trabajo cuidadoso y bien hecho.
  2. Genera una profunda sensación de satisfacción y orgullo. Sentir que has hecho lo mejor posible en cada tarea, grande o pequeña, incrementa la autoestima y proporciona un sentido de logro y bienestar personal.
  3. Cuando haces algo para otros con cariño, estas acciones generan confianza, respeto y aprecio. La gente percibe cuando haces algo con amor y dedicación, lo que crea conexiones más fuertes y relaciones más sanas.
  4. Las tareas resultan más significativas. En vez de verlo como algo obligatorio, se logra la aceptación y se percibe como una oportunidad de mejora, disfrutando del proceso, lo que incrementa la motivación y la energía y reduce el estrés.
  5. Cuando das lo mejor de ti, mejoras tus habilidades, ya que se fomenta el aprendizaje y te ayuda a superarte.
  6. Te conecta con emociones positivas como el agradecimiento y la compasión, cambiando tu enfoque hacia la vida, haciéndote más optimista y empático, lo que mejora tu bienestar emocional y tu interacción con los demás.
  7. Y por último, actuar con cariño y dedicación deja una huella en el mundo. Las personas recuerdan y valoran el esfuerzo y el amor que pones en las cosas. Esto te permite construir una reputación sólida y un legado positivo, tanto en tu entorno personal como profesional.

Te propongo algo muy sencillo — o no, pero te lo propongo igualmente, a modo de reto —. Te invito a cocinar para ti o para alguien, de manera consciente, poniendo todo el cariño y amor del mundo. Piensa en la cocina de toda la vida, la tradicional, la de las amamas/abuelas. Y si te atreves con lo desconocido, prueba con algo nuevo, vanguardista, que desafíe los cinco sentidos. Como amante de la creatividad que soy, considero que lo viejo y lo nuevo pueden llegar a maridar muy bien.

La dedicación y el cariño caben en todas las cocinas. Bon appétit!!

Encuentra tu faro

El post de hoy llega con unos días de retraso. Me perdonáis ¿verdad? Cuando los virus entran por la puerta (y no hay escuela y/o guardería) el orden y la rutina salen por la ventana.

Hoy os hablo de los valores y de la acción comprometida. Ambas cosas son importantes, ya que los valores son nuestro mapa o nuestra brújula y la acción comprometida es la expresión de dichos valores, y lo que da sentido a nuestro viaje. Y necesitas de ambas porque ¿qué sería un valor si no se fuera a emprender ninguna acción en relación a él? Como os dije en alguna ocasión, un paso adelante no te lleva a donde quieres llegar pero te saca de donde estás. 

Pero antes de meternos en harina, dejadme que os cuente que el bienestar se puede ver desde dos perspectivas: (a) bienestar hedónico o subjetivo y (b) bienestar eudaimónico o psicológico. 

El primero está relacionado con el mantenimiento de un buen estado anímico o un equilibrio afectivo. Esto implica que hay una relación óptima entre las emociones negativas y las positivas, y por tanto, este tipo de bienestar se mide en función de estos dos tipos de emociones.  Lo ideal se ha establecido en que por cada emoción negativa debe haber tres positivas. Este tipo de bienestar se podría decir que se basa en que la felicidad se encuentra aumentando el placer y reduciendo o eliminando el dolor, y es más pasajera. Este tipo de felicidad tiene sus altibajos. 

El bienestar eudaimónico o psicológico se asocia con la integración vital, y está influenciado por la aproximación de Sócrates, Platón y Aristóteles, quienes vinculaban la felicidad al desarrollo de virtudes, capacidades y valores. Se basa también en la teoría de la autodeterminación, la cual plantea que un funcionamiento psicológico sano tiene lugar si las necesidades básicas están cubiertas (sobre todo la autonomía, la seguridad, la vinculación y la competencia) y se tiene un sistema de metas congruente y coherente, con una motivación interna (no basada en recompensas externas) y alineado con los propios intereses y valores. Por tanto, este tipo de bienestar se asocia al crecimiento personal, a dar un sentido a la vida y a la satisfacción vital, por lo que es más constante.

Una vida basada en los valores personales siempre va a ser más satisfactoria y nos da sensación de plenitud. Y por supuesto, sirve de guía en la toma de decisiones importantes. Muchas veces os habrá pasado que no sabes qué hacer, quieres hacer una cosa pero hay algo que te dice que no debes tomar ese camino, o te sientes perdid@ en general. La respuesta está en los valores, y tenerlos anclados en el horizonte sirve para encontrar la dirección que tú mism@ has marcado pero que, por circunstancias, habías perdido de vista. Los valores nos recuerdan quiénes somos y también quiénes nos gustaría ser o en quiénes nos gustaría convertirnos.

Pero parece que actuamos por inercia o por intuición, o nos dejamos llevar. Que eso también está muy bien, ¡ojo! Pero me atrevo a decir que pocas veces o ninguna te has sentado a plantarte qué es lo que en el fondo te mueve. Cuáles son tus valores, por qué has elegido esos y no otros, por qué algunos valores son importantes para ti pero no los desarrollas, etc. Así que hoy he decidido plantearte un ejercicio para reflexionar sobre esto y ayudarte a clarificar tus valores. ¡Vas a ser jardiner@! (Sí, eso es, jardiner@. Has leído bien. Pero te animo a que sigas leyendo, porque lo que viene ahora te prometo que te va a gustar).

Los valores, como os digo, son los principios o las cualidades que caracterizan a una persona y que la motivan a actuar y pensar de una determinada manera, y son las bases de su sistema de creencias. Además, hay algunos valores que son compartidos por la sociedad en la que vivimos, y también es importante diferenciar qué valores sociales asumimos por su coherencia con los nuestros de aquellos valores que asumimos como propios debido a la presión social.

Imagina que tienes un jardín, y eres la persona responsable de cuidarlo. Las plantas simbolizan lo que tienes en la vida: familia, amig@s, trabajo, estudios, aficiones…Cuando observas tu jardín, cabe hacerse muchas preguntas…

¿Todas las plantas están cuidadas por igual? ¿Cuáles tienen mejor aspecto y cuáles peor? ¿El número de plantas es adecuado? Si hay demasiadas, puede que no tengas tiempo de cuidarlas adecuadamente. Y si hay pocas, y por los motivos que sean, se marchitan, te quedarías con un jardín muy pobre. ¿Te gustaría tener alguna planta más en concreto?¿Crees que hay plantas que tienes pero que no te gustaría tener?

Además de las plantas, también dispones de semillas. Esas semillas que has plantado representan los objetivos o valores que quieres desarrollar. ¿Por qué has elegido esas semillas y no otras? Puede ser que te hayas fijado en otro jardín y quieras uno igual, o puede ser que te hayan dicho que eso es lo que tienes que plantar, o puede ser que realmente desees las plantas que vana brotar de esas semillas. ¿Cuál es tu caso?

El crecimiento de las plantas requiere tiempo, dedicación, paciencia, etc. Puede que no tengas paciencia y empieces a plantar más y más semillas con la esperanza de que las nuevas crezcan más rápido. Pero lo cierto es que las plantas tardan en brotar y crecer. ¿Eres un@ jardiner@ paciente?

Hay jardiner@s que se imaginan la planta que va a brotar con toda una serie de detalles. Y cuando la planta finalmente brota y no es como esperaban, empiezan a pensar que se han equivocado en la elección de la semilla, o que no la han cuidado bien y por eso la planta es así. Otr@s, sin embargo, aprecian la planta tal y como ha salido, disfrutando de las sorpresas. ¿A ti te desespera o desagrada lo que no se ajusta a tus expectativas?

En tu jardín también hay malas hierbas. Éstas simbolizan los miedos, las inseguridades, las dudas, los complejos…Hay jardiner@s que invierten todo su tiempo en intentar arrancar estas malas hierbas, y descuidan las plantas y las semillas. Cuanto más se esfuerzan en quitar las malas hierbas, peor aspecto tiene su jardín. El caso es que todos los jardines tienen malas hierbas, y de no ser así, parecería un jardín irreal, de mentiras. ¿Dedicas más tiempo a cuidar tus plantas o a quitar las malas hierbas?

Este ejercicio sirve para clarificar tus valores, pensar acerca de lo que quieres en tu vida, lo que ya tienes y lo que quieres conseguir. Pero claro, para que tenga sentido hay que traducirlo a conductas. 

Una vez sepas quién eres y a dónde quieres llegar, es hora de pasar a la acción. Y si no lo tienes claro aún, no te preocupes, porque lo puedes descubrir por el camino. Estar dispuest@ es la primera condición para comprometerse con la acción, y el siguiente paso está claro. ¡Da un paso adelante! Lo que importa es que te pongas en marcha, que te mantengas en constante movimiento. Sólo así encontrarás el camino. 

Y recuerda que, si te pierdes, busca tu faro, tus valores, y ellos te devolverán al sendero. Una acción comprometida con tus valores quiere decir que tú eliges seguir una dirección u otra. Las acciones basadas en valores son las que se planean deliberadamente para plasmar un determinado valor y tener una recompensa intrínseca. 

Cuida tu jardín, dedícale tiempo y esfuerzo, porque mereces una vida que tenga sentido para ti, y que merezca la pena ser vivida.

‘Son nuestras decisiones las que muestran quiénes somos realmente, más que nuestras habilidades’

J. K. Rowling

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