¿Recuerdas un post anterior en el que te enseñaba algunas recomendaciones y ejercicios para afrontar mejor el estrés o para encontrar emociones positivas en tiempos de adversidad? – ‘A mal virus buena cara’– ¿Y recuerdas también que te dije que esto no es una ciencia exacta y que un@ no siempre puede estar bien? Pues en esas estaba yo hace unas semanas, y eso es lo que te venía a contar el otro día pero al final acabé contándote otra cosa. Así que aquí estoy de nuevo.
Para refrescarte un poco la memoria, el otro día te contaba que algunas personas tenemos tendencia a juzgarnos en exceso y a compararnos con l@s demás e infravalorarnos. Eso, además de dañar nuestra autoestima, nos limita y nos impide crecer. La autocompasión y la comparación orientada a construir una mejor versión de nosotr@s mism@s, en cambio, rompe esas barreras y favorece el desarrollo personal. También te decía que las redes sociales tienen aquí una influencia importante, porque son un enorme escaparate que, bien usado, nos permite motivarnos y realizar comparaciones positivas con el fin de ayudarnos a perseguir nuestros objetivos. Pero, si caemos en un mal uso, las comparaciones pueden hacernos sentir inferiores, bloquearnos, desmotivarnos, entre otras cosas.
Durante este confinamiento, sobre todo al principio, me he sentido muy muy mal conmigo misma. Ahora ya he podido masticar bien todo lo que me pasaba. Primero lo tuve que hacer consciente, claro, porque me sentía mal pero no sabía lo que era aquello que me hacía estar así.
Creo saber lo que estás pensando y no, no era ni por el mero hecho de estar confinada, ni por la incertidumbre, ni por miedo…Desde el primer momento cogí todo esto con pinzas y lo puse a un lado -la información bien dosificada y siempre siempre siempre de fuentes fiables y oficiales-. No es que negase la realidad, solo que prefería dosificarlo como medida de autoprotección. Amb@s sabemos que la ansiedad está siempre al acecho y este tipo de cosas son la chispa que prende la mecha. Si me dejaba llevar sabía que no me esperaba nada bueno. Y debía mantenerme serena porque ya sabes, para cuidar hay que cuidarse. Además, no podía pedir tranquilidad en casa si yo era la primera ansiosa…
Como te decía, me sentía fatal. Era una mezcla de enfado, frustración y agobio. Y sentía también que mi autoestima se estaba dañando. ¿Adivinas dónde pudo empezar todo? Ya te lo he dicho, las redes sociales son el presente y tienen un papel principal en la película.
Llevaba una semana entera escuchando por múltiples canales, y principalmente por las redes, que debíamos establecer una rutina, comer sano, dormir bien, hacer ejercicio, ser creativ@s, vestirnos aunque fuese para estar en casa, etcétera. Además, circulaban un montón de retos para hacer, un montón de ideas sobre manualidades para hacer con los más pequeños, listas interminables con recomendaciones para leer, ver y oír…Para matar el aburrimiento, ya sabes. Y yo en plan…aburri…¿qué? ¡Pero si no me da la vida!
La gente comentaba constantemente lo mucho que estaba conectando con sí misma, mostraban fotos con conjuntos monísimos de deporte, confesaba que estaba aprovechando muy bien el tiempo para hacer un montón de cosas geniales, y encima tod@s bien vestid@s y peinadit@s. Y yo era incapaz de plantearme una rutina porque el ritmo de mis niños cada día era diferente. Lo de dormir, con un bebé lactante…vamos a dejarlo a un lado también. Lo del ejercicio pues eso, si ir de acá para allá dentro de casa cuenta…ahí lo tienes. Leer, escribir, ver series y ese tipo de cosas eran, si acaso, un golpe de suerte. Y puedo seguir contándote pero ya sabes por dónde van los tiros ¿verdad?
El caso es que un día me dije: ‘pero vamos a ver…mi vida no es como la del resto, por lo tanto, yo soy la que tiene que buscar sus propias recomendaciones. Soy adulta, responsable y que sabe qué cosas promueven una vida saludable. Así que lo único que tenía que hacer era establecer unos mínimos innegociables y ajustar el modo de vida saludable al funcionamiento de mi familia. Esto es el punto número uno.
El punto número dos era dejar de fustigarme. ¿Por qué me juzgaba de esa manera? Tengo niños pequeños, estudio un máster y algún que otro curso -porque estudiar me encanta y me cuesta decir que no a estas cosas…sé que es complicarme la vida pero a veces mi zona de confort me da alergia- A esto hay que sumar las tareas del hogar y que estar 24 horas encerrad@ -protegid@- en casa pues tiene sus repercusiones a todos los niveles: social, psicológico, físico…
Me estaba comparando, y además no con mi grupo de iguales, sino hasta con gente que no tenía una vida ni parecida a la mía. Había perdido por completo el norte. Me estaba autoexigiendo demasiado y me estaba tratando muy mal. ¿Cómo iba a poder ser la mejor versión de mí misma para cuidarme y poder cuidar si estaba siendo mi peor enemiga?
Menos mal que supe frenar a tiempo a Pepito Grillo…Porque ¿sabes qué era lo peor de todo? Me di cuenta de que todo eso estaba saliendo en forma de rabia y enfado. ¿Y sabes con quién lo estaba pagando? Exacto, con quien menos se lo merece. Mi familia.
Pero como te digo hace ya un par de semanas que eso es historia. La nueva Naiara mira con perspectiva, relativiza, no se juzga, lo intenta pero sin presiones, se premia los pequeños logros y sobre todo se mantiene positiva. Porque el humor y la risa son una de las mejores estrategias para afrontar el estrés. Y no lo digo yo, lo dicen investigador@s en este campo. En situaciones estresantes, se ha demostrado que coocurren tanto emociones negativas como positivas. Soy mucho más amable conmigo misma y me siento muchísimo mejor. Además eso repercute positivamente en el ambiente familiar y manejo mejor las emociones -sobre todo el enfado- y soy capaz de mantener la calma. Esto como norma general.
Ahora bien, no todo es rosa y maravilloso. Sigo teniendo mis días en los que no hay sitio para tanto humor, y no soy capaz de mantener tanto la calma. Soy humana, y como te he dicho antes y en alguna otra ocasión, esto no es una ciencia exacta. Estar bien es genial, pero estar mal también es totalmente legítimo. Y más ahora, que estamos pasando por una situación nueva e incierta, y es muy coherente que a veces nos sintamos menos bien o muy mal. Regodearse en el negativismo y en el dolor es tan malo como pretender estar siempre al 100% y súper-very-happy. Las emociones negativas son necesarias. Y debemos escucharlas y prestarlas atención, porque si insisten, es porque algo importante nos tienen que decir ¿no te parece? Hay veces que distraernos un poco resulta adaptativo, porque nos protege y nos hace coger las cosas en frío, o con algo más de perspectiva. Pero otras veces necesitamos bucear en el malestar para ver qué es lo que está mal y por qué. Para poder después pasar a la acción y resolver lo que haya que resolver ¿me sigues?.
Es importante conocer las herramientas que ofrece la Psicología Positiva -y que te contaba en el post ‘A mal virus buena cara’- y cómo las podemos utilizar para aumentar nuestro bienestar. Y es importante también aceptar que hay situaciones que, aunque puedan suponer una oportunidad de crecimiento, van acompañadas inevitablemente de dolor. Y lo debemos aceptar. No todo es de color de rosa, y aunque haya posibilidad de sacar el lado bueno a algunas situaciones, puede que no estemos en ese punto, y ante esa situación, en ese momento, lo único que queremos sea llorar, o estar sol@s, o desahogarnos, o qué sé yo.
Es totalmente legítimo optar por intentar ser mejor cada día, más feliz, sentirte mejor. Al igual que es totalmente legítimo dejar todo esto a un lado los días que no te sientes bien. Porque repito, estar mal, también está bien.
Cada un@ hace lo que puede y como puede. Así que volvemos a lo de antes: quiérete, cuídate, no seas demasiado autoexigente y trátate con amabilidad.
Hoy sí que sí te he contado justo lo que quería, ni más ni menos. En este momento no puedo garantizar escribir una vez por semana, tal y como hacía antes de que el mundo se pusiese patas arriba -de hecho, el no haber aparecido por aquí durante tanto tiempo me estaba pesando bastante y me hacía sentir muy culpable-. Pero te sigo teniendo presente y prometo volver en cuando pueda.
¡¡Un abrazo y hasta pronto!!