El otro día compartía por Instagram una publicación donde decía que no importa mucho la causa del innombrable, por qué nos ha pasado esto. A efectos funcionales de poco nos sirve ¿verdad?. Entonces sugería en el post que en vez de preguntar ‘por qué’, ayuda más preguntarse ‘para qué’.
Si yo te respondo que esto es por culpa de los chinos o de Trump, pues como mucho te sirve para que los maldigas a todos y te desahogues un poco. Pero tú vas a seguir igual, encerrad@ en tu casa, pensando si has comprado suficientes víveres por si se masca la tragedia y sacando rentabilidad a tus cuentas de Netflix, HBO y/o Movistar+.
Pero si te respondo que esto nos puede servir para ser más empátic@s, para ser más responsables con nuestra comunidad y dejar de mirarnos nuestro propio ombligo, para valorar algo tan simple como un abrazo, una caricia, un beso. La libertad. Y no solo eso, sino que nos trae la oportunidad de emplear nuestro tiempo en otras cosas diferentes a las que estamos habituad@s por obligación o por responsabilidad. El dichoso virus, a quien no le ha afectado de manera grave, claro está, nos ha regalado tiempo.
¿A dónde quiero llegar con esto? No pienses que nos conviene esto que nos está pasando. ¡Para nada! Esto va a traer cola y consecuencias importantes. Pero es cierto esto que te voy a contar. Según investigaciones llevadas a cabo por R. Lazarus (entre otr@s), en situaciones desagradables y adversas coocurren emociones negativas y positivas.
En los últimos días, debido a la incertidumbre de todo esto, con l@s niñ@s en casa (quien l@s tenga), haciendo malabares para sacar el trabajo adelante, tomando las precauciones que se indican desde diferentes fuentes, la sobreinformación, etc., estamos sometid@s a mucho estrés y angustia. Pues bien, lo que sugiere este autor es que, aún en estas condiciones, se dan emociones positivas, y que éstas tienen una función adaptativa, potenciando y sumando eficacia a las estrategias de afrontamiento.
Las emociones positivas nos predisponen a evaluar los acontecimientos estresantes como un reto, lo que conlleva a un aumento de la esperanza y del optimismo, y esto a su vez, como un círculo vicioso, incrementa o mantiene las emociones positivas.
Lazarus sugiere que si afrontamos el estrés de una manera eficaz, no solo prevenimos consecuencias negativas para nuestra salud, sino que es muy probable que mantengamos bajo control la situación y posibilitemos el crecimiento personal, aumentando el bienestar.
Desde la psicología positiva se ofrecen diferentes estrategias para afrontar el estrés de manera más adaptativa, favoreciendo el afecto positivo y mejorando el bienestar:
- Búsqueda de sentido a la situación, interpretando los sucesos de manera más positiva.
- Buscar un significado existencial para conseguir ajuste emocional. Algunas personas se sirven de su fe para encontrar esa tranquilidad, y otras emplean el mindfulness u otras estrategias de meditación para conseguir la regulación emocional.
- Planear y realizar actividades positivas de manera cotidiana.
- Asumir la diferencia entre la situación real y las expectativas generadas. Una vez aceptado, las estrategias estarán orientadas a mejorar la situación y no tanto a paliar los efectos emocionales negativos.
- Focalizar la atención en los aspectos positivos más que en los negativos. De esta manera se permanece más optimista y se buscan mejores soluciones.
Esto en cuanto al afrontamiento del estrés. Pero la psicología positiva nos ofrece múltiples posibilidades de fomentar las emociones positivas y aumentar nuestro bienestar.
Hay un ejercicio que personalmente me encanta. Se llevó a cabo un estudio en el que se les pedía a los participantes que durante 13 días tenían que escribir 3 cosas por las que estaban agradecid@s. Podían ser cosas que dependían de ell@s mism@s o de los demás, y también que no dependía de nadie, como por ejemplo que haga sol.
Te puedes imaginar cuáles fueron los resultados. El bienestar (niveles de afecto positivo) de estas personas según las pruebas administradas había aumentado significativamente. Mostrar agradecimiento se asocia a una mayor satisfacción con la vida. Así que te propongo este ejercicio: DIARIO DE GRATITUD. Durante los días que dure el reto #yomequedoencasa (aunque te recomiendo que lo hagas siempre), escribe antes de acostarte al menos tres cosas por las que te sientas agradecid@. Y además, anota a qué se deben (si depende o no de ti).
Las investigaciones sobre bienestar psicológico nos muestran cosas muy interesantes. Las emociones positivas dependen de factores genéticos, de las circunstancias personales y de lo que hagamos cada un@ en nuestras vidas. Si te pido que me digas en qué proporción afecta cada una de estas tres cosas, es probable que me digas que el nivel socioeconómico, la inteligencia, la localización geográfica y factores de este tipo influyen igual o más que la genética. O que cuando un@ vive desgracia tras desgracia poco puede hacer para ser feliz. Pues bien, la literatura nos dice que los factores genéticos o no modificables influyen en un 50%, el contexto de cada un@ tiene un peso del 10% y el 40% restante es para factores controlables intencionalmente.
Esto nos da la pista. Hay cosas que no dependen de nosotr@s, y lo mejor que podemos hacer es aceptarlo para poder avanzar desde ahí. ¡Pero hay un 40% del queso que nos dice que puedes hacer mucho para ser feliz! Por eso yo te propongo que ‘A mal virus buena cara’. La situación es la que es, pero tenemos capacidad y estrategias de sobra para sobrellevar esto de una manera más eficaz. Seguro que has visto vídeos de los balcones italianos con gente bailando. No me digáis que la sociedad unida no puede hacer cosas geniales…
Esto es solo una pequeña píldora. Hay más cosas que te puedo contar sobre la aplicabilidad de la psicología positiva. Se me ocurre también destacar las fortalezas individuales (o comunitarias, como el ejemplo de los balcones en Italia), nuestros puntos fuertes, y utilizarlos para reevaluar la situación de otra manera.
¿Y sabes otro ejercicio que me parece genial? Escribe una carta de agradecimiento personal a alguien. Puedes elegir cualquier persona que creas que te ha aportado algo importante para ti en la vida. Familiares, maestr@s, amig@s…Cualquier persona. Después tienes varias opciones: leerla en voz alta, enviársela a esa persona o leérsela tú mism@ (esta última opción se ha demostrado que es la que mayor satisfacción genera). Piensa en alguien que te ha aportado valor y a quien nunca se lo has agradecido, por timidez o porque no has tenido la oportunidad. Incluso puede ser una persona fallecida, y luego puedes leerla en voz alta. Te aseguro que sólo con ponerlo sobre el papel vas a notar efectos positivos.
Como te digo, estas son solo unas ideas. La psicología ofrece mucho más. Pero creo que ya me he extendido bastante… Si quieres saber más puedes dejar un comentario o enviarme un correo electrónico. Estaré encantada de contarte más cosas sobre esto. Y si quieres saber algo sobre lo que yo no sé pues ¡estaré aún más encantada de buscar información al respecto y compartirla! ¡Se admiten (y se agradecen) propuestas y sugerencias!
Y hasta aquí por hoy, retransmitiendo desde el sofá, en mi cuarto día encerrada en mi hogar dulce hogar. Pronto más y espero que mejor.
NOTA: Si todo esto te sobrepasa, si no puedes evitar estar de mal humor, si te da pena todo lo que está pasando, si tu vida se está viendo muy afectada, es decir, SI ESTÁS MAL, TAMBIÉN ESTÁ BIEN. Los sentimientos ahí están, y hay veces en las que podemos hacer cosas para cambiarlos y otras veces pues nos supera todo. Ambas cosas están bien, porque esto no es una ciencia exacta, no podemos controlarlo todo y las cosas no son tan fáciles. La clave está en aceptar y ver entonces qué puedo hacer con lo que me pasa. Sea cual sea tu caso, la psicología puede ayudarte.
‘Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar’
Federico García Lorca