Ahora que ya han pasado todas las fiestas y está la cosa más tranquilita es hora de sentarse a reflexionar y a planificar el año que ha entrado. Reflexionar sobre todo lo que hemos conseguido, sobre lo que se nos queda en el tintero, lo que tenemos que intentar de nuevo y lo que debemos aceptar que no es para nosotr@s. Sobre todas las cosas que queremos seguir teniendo en nuestras vidas y sobre aquellas de las que nos queremos deshacer. Y planificar todo lo que queremos seguir manteniendo y todo aquello en lo que nos gustaría trabajar y lo que queremos conseguir.
El primer mes del año está lleno de propósitos, deseos, promesas y un largo etcétera. Sin embargo, en muchos muchos muchos de los casos, estas buenas intenciones no pasan de febrero…¿por qué será?
De nada sirve tener la agenda llena de “tengo que”, “debería”, con sus colores y pegatinas tan monas…si luego todo esto no pasa a la ACCIÓN. Pero sí, todo empieza por algo, y lo primero es establecer metas. No tiene que ser un solo objetivo, pueden ser muchos, y de diferente envergadura. ¿Por qué no? Si no sueñas a lo grande tal vez no consigas cosas extraordinarias (aunque nadie regala nada…SIEMPRE hay que esforzarse y poner de tu parte).
Los objetivos tienen que tener una serie de características para que sea más fácil alcanzarlos. En primer lugar tienen que estar bien definidos, cuanto más mejor. Tienen que ser medibles, para saber en qué medida te acercas o cuánto has conseguido o te falta. Tienen que tener fecha de caducidad. Marca un tiempo, establece rutinas, tira de agenda y planifica.
(*Yo utilizo la agenda de Charuca porque me resulta muy práctica y me ayuda a tener el año y los meses a golpe de vista, y así me planifico mejor. Hay diferentes modelos, tipos y tamaños para elegir la que mejor se ajusta a ti. Esto NO es publicidad ni mucho menos. Es que realmente me he comprado muchas agendas y esta es la única que he repetido porque de verdad me ayuda con la planificación. Las agendas Charca están dirigidas a mujeres, así que si no es tu caso es cuestión de buscar otras marcas que tengan un formato parecido).
También deben ser alcanzables, realistas. Soñar está genial, y está claro que si un@ no sueña no tiene motivación, no tiene visión, no tiene perspectiva…Y al fin y al cabo, soñar es también una manera de planificar y de pensar en proyectos. Pero hay que tener los pies en la tierra y aceptar aquello que no podremos conseguir por mucho que trabajemos y lo deseemos. Es mejor centrarse en lo que sí tienes posibilidad de conseguir, aunque parezca imposible.
Cuanto más definidos estén tus objetivos más clara tendrás la meta y más fácil será llegar a ella. Puedes salirte del camino o dar un rodeo, porque no todo sale exactamente según lo previsto en la mayoría de los casos. Pero si sabes a dónde vas y a dónde quieres llegar, es difícil perderse.
Los objetivos que son muy ambiciosos y a largo plazo es mejor desgranarlos en metas más pequeñas y a corto medio plazo. Así no perderás la motivación y puedes ver avances y premiar logros, aunque sean pequeños. Todo eso te conducirá a tu objetivo final.
También hay que tener en cuenta si esos propósitos están en consonancia con tus valores o si son simplemente “postureo” o imposiciones sociales. Por ejemplo, si vas al gym porque este año te has propuesto tener hábitos saludables, y lo acompañas de alimentarte de manera saludable (sin dietas milagro), tener hábitos de sueño, meditar, etc. Entonces vas bien. Pero si lo haces porque estás hart@ de esa barriguita o brazos y piernas blandengues…es probable que vuelva a fracasar tu intento de año nuevo. Debemos pensar PARA QUÉ hacemos las cosas. Si la respuesta es para tener una vida más plena y con sentido, de nuevo vas bien.
De cualquier manera, si no tienes claro aún cuáles son esos objetivos que van contigo, que realmente están alineados con tu estilo de vida y tus valores, no te preocupes. Siempre puedes hacer una lista con todo lo que se te ocurra y luego ir tejiendo poco a poco.
También tienes que tener muy claro que los resultados importan, claro que sí, y si no, ¿para qué hacemos todo esto?. Pero importa mucho más el proceso. Caminar en la dirección adecuada y sobre todo disfrutar de lo andado. Hay veces en las que un@ se queda anclad@ en una situación, no sabe hacia donde tirar, o las cosas no están siendo como esperamos…y nos frustramos. Si vas con tus valores de la mano y con aceptación, el camino, por muy difícil que sea, siempre resultará menos amargo. Además, puede ser que por el camino descubras que ya no quieres llegar tanto a A porque B te está pareciendo más interesante. O tal vez vayas a A pero haber conocido B te ha abierto una puerta diferente y quieres anotarlo para tenerlo en cuenta más tarde. Es lo bueno de la vida, que siempre nos regala oportunidades para aprender y seguir creciendo.
Recuerda, un paso no te sitúa en donde quieres llegar, pero te saca de donde estás. Disfruta del camino, porque ese camino es la vida. ¡Feliz Año Nuevo!
Cuando no podemos seguir soñando, morimos.
Emma Goldman