Si quieres saber cuál es la clave del éxito este post es para ti. Puede que ya sientas que tienes una vida exitosa y no te interese seguir leyendo, pero si este es tu caso te animo a que continúes conmigo, porque no me gustaría que dejases de buscar. Es decir, ya has alcanzado el éxito, ¡enhorabuena! ¿Y ahora qué? ¿Ya está? ¿No hay nuevos proyectos? Ya tienes eso que querías, ya has llegado, ya has conquistado ese territorio. Pero si no tienes más sueños…no hay motivación…no hay ilusión…no hay nada que buscar…Imagina al mejor explorador o exploradora del mundo cuando encuentra el tesoro perdido, ¿qué hace después? Puede hacer dos cosas: seguir buscando tesoros o jubilarse y criar gallinas. Lo que está claro es que en ambos casos sigue buscando, bien un tesoro o bien un nuevo hobbie…que además da huevos.
Bien, en el caso de que no hayas alcanzado el éxito (o creas que no lo has alcanzado), vamos a ver qué es eso del éxito ¿te parece?
Según la RAE, éxito es: (1) el resultado feliz de un negocio, actuación, etc.; (2) buena aceptación que tiene alguien o algo; (3) o el fin o terminación de un negocio o asunto.
No está mal, pero a mi me parece que le falta algo…Para mí el éxito es convertirte en la persona que deseabas, es inundar tu día a día con los valores que te importan, es ser feliz con lo que haces y seguir queriendo hacerlo aún cuando las cosas se ponen feas. Hay una gran diferencia entre ser feliz con lo que tienes y conformarte con lo que tienes. Conformarse tiene un punto de resignación, y también invita a dejar de buscar. Para mí el éxito es como eso de la felicidad. Realmente no consiste en llegar a ningún sitio, sino que forma parte de todo el camino, y nunca se acaba.
El éxito tiene más factores asociados, como las expectativas, que pueden funcionar de cohete y llevarnos lejos o pueden funcionar de petardo y hacer saltar todo por los aires. Un exceso de expectativas – que muchas veces vienen impuestas desde fuera – y la casi impuesta obligación de triunfar en la vida – porque llevar una vida “normal” parece ser de mediocres – hacen que muchas veces abandonemos nuestros sueños, que nos rindamos. Así que ojo con eso, exigencia y expectativas sí, pero sólo las que tienen forma de cohete y no de petardo.
Una vez que te has subido a tu cohete, ¡tienes que asegurarte de que has soltado la cuerda! Esa cuerda representa nuestra zona de confort. ¡Ayyy…Nuestra zona de confort….! Qué maravilla, qué seguridad sentimos y qué bien se ve todo desde ahí…Si soltamos la cuerda vamos a volar alto, y nos encontramos con el vértigo que da volar alto y con el riesgo de caer en picado. ¡Qué miedo! Sí, volar alto da miedo, caer desde lo alto da miedo. El éxito nos da miedo. Pero es que precisamente es ahí donde está el éxito, al otro lado del miedo. Debemos atrevernos a soltar la cuerda.
¿Cómo te puedo ayudar yo con eso? Vamos a hablar de ese miedo a salir de la zona de confort/soltar la cuerda y de ese pánico que tenemos a caer desde lo alto. Hablemos del fracaso.
¿Por qué tenemos tanto miedo a fracasar? En realidad no debería ser así, porque cuando somos pequeños/as nos enseñan a levantarnos cuando nos caemos. Nos insisten en que hay que intentar hasta que te salga. Como cuando aprendemos a andar en bici, por aproximación. Primero probamos con triciclos, luego bicicletas con ruedines, y luego vamos por todas. Y si nos caíamos, nos sacudíamos el polvo y volvíamos a coger la bicicleta. ¿Sí o no? Y cuando algo se nos resistía mucho pues aceptábamos que no era lo nuestro y probábamos otra cosa. ¿O acaso le dirías a un niño o una niña que siga en clases de música dándolo todo para llegar a ser Beyoncé cuando ves que “canta” como Leticia Savater? Pues no, si no es lo tuyo mejor darse cuenta cuanto antes para dejar de perder el tiempo y el dinero, y probar con otra cosa. Pero a medida que nos hemos ido haciendo mayores hemos recibido mensajes contradictorios. Ya no era eso de intenta hasta que te salga, y si no te sale pues a otra cosa.
Cuando te vas haciendo mayor te van dando a entender que hay una oportunidad para todo y hay que elegir bien. Elige bien qué vas a estudiar porque es a lo que vas a dedicar el resto de tu vida. Elige bien con quién andas porque si cambias mucho de pareja ya sabes lo que dicen…Y los amigos son para toda la vida porque si decides cambiar alguna amistad por gente menos tóxica pues eres mala persona…Y cuando tienes una pareja estable y os vais a vivir juntos/as pues la cosa ya es seria y hay que formalizar. Y si te casas es para toda la vida…Y no dejes ese trabajo porque te pagan bien y la cosa no está como para perder esas oportunidades. Y no cambies de trabajo porque con lo que te ha costado llegar hasta aquí…¿Me sigues? ¿Sabes a dónde quiero llegar?
¡No nos gusta el cambio! A esta sociedad no le gusta salir de la zona de confort, no le gusta arriesgar, no le gusta poner las cosas patas arriba. El cambio nos asusta, y preferimos sacrificar que arriesgarnos.
Déjame decirte algo, la zona de confort nos da una seguridad que no te la da nada más. Eso está muy bien y estoy de acuerdo. Pero ¿por qué es más válido sacrificar un sueño o las ganas de cambiar lo que no te gusta en tu vida que arriesgar la comodidad o una parte?
Y otra cosa más, ¿qué pasa cuando quien arriesga es otro/a y le funciona? Pues que lo juzgamos. Dejamos salir a la envidia, esa que descansa en el rabillo del ojo… Y entonces comenzamos a echar pestes. “Porque claro, ha tenido suerte en la vida. Siempre lo ha tenido fácil, así yo también…” Lo despojamos de su éxito, y de su responsabilidad sobre ese éxito (ojo, que la suerte y los privilegios existen, y ayudan mucho, pero no lo son todo). Y te diré más, si por lo que sea algo se le tuerce… Nos alegramos, levantamos la cabeza y pensamos “si es que ya sabía yo que eso no iba a ningún sitio, a ver qué hace ahora, que no se puede ser tan ambicioso/a y caprichoso/a…”. Pero lo cierto es que la envidia que está en el otro ojo es buena. Es esa envidia que nos hace pensar cómo lo habrá conseguido el otro o la otra, porque tú quieres intentarlo también. ¡Agárrate fuerte a esa envidia porque tiene forma de cohete!
Las personas que persiguen el éxito suelen sentirse obligadas a dar explicaciones de por qué han decidido arriesgar su comodidad, su posición. ¡Es tan descabellado querer ser feliz con tu vida! (percibe el tono irónico). Y no sólo eso, sino que les pesa muchísimo la responsabilidad, porque si “fracasan” les van a juzgar más aún, se van a sentir de nuevo obligadas a dar más explicaciones de por qué no ha funcionado y casi casi les falta tener que pedir perdón… Es como si se castigase a la oveja que se sale del rebaño…viene el perro pastor y le muerde una pata, por desobediente. A veces me da por pensar que nos educan para que no nos salgamos del rebaño porque es darle mucho trabajo al perro…Qué loco pensar esto ¿verdad? Quizás no tanto…
El éxito no es desfilar por la alfombra roja de Hollywood. El éxito no es más que vivir con motivación, con ilusión, con ganas, con cosas por las que sentirte agradecido/a, con la sensación de vivir acorde con tus valores y tus principios, con respeto hacia ti mismo/a primero y hacia los demás después. Eso es el éxito para mi. Y creo que las únicas personas que fracasan en su vida son aquellas que se rinden, las que dejan de buscar tesoros, o las que los han encontrado todos y no buscan alternativas -si no te gustan las gallinas puedes valorar otras opciones -.
Citando a la maravillosa Michelle Obama, “fracasar es parte de tu crecimiento y del desarrollo de la resiliencia. No tengas miedo a fracasar”.
Yo personalmente admiro profundamente a esas personas que deciden arriesgar, que deciden salir de su zona de confort para perseguir una vida con más sentido para ellas, alineada con su valores y sus principios. Me parece un acto muy valiente reconocer que, a pesar del tiempo, dinero y esfuerzo invertidos en un proyecto, eso no es lo que te hace del todo feliz, no es lo que esperabas. Aceptar eso y querer cambiarlo, desde mi punto de vista es de personas inteligentes y valientes. Para mí eso ya es tener éxito. Tiene que ser difícil reconocer todo esto, y también tiene que ser difícil lo de dar explicaciones y atender a responsabilidades y expectativas. De verdad que es algo que admiro mucho. Por eso no entiendo por qué se juzgan estas acciones y se etiqueta a estas personas de insensatas, caprichosas, inmaduras… Creo que es porque se juzga desde la envidia con forma de petardo, y no desde la envidia con forma de cohete. También puede ser porque seas un perro pastor que se dedica a morder ovejas…
Bueno, yo ya me despido, pero no sin antes decirte algo, porque lo prometido es deuda, y yo te he dicho que te iba a desvelar la clave del éxito.
La clave del éxito es saber gestionar el fracaso.
¿Qué esperabas? Tal vez el secreto mejor guardado de Bill Gates o J.K. Rowling. Pero no, no tengo algo revelador que te va a cambiar la vida de golpe. ¿O tal vez sí?
¿Y si te dijera que tu vida va a cambiar si aprendes a encajar el fracaso?
Si no aprendes a gestionar el fracaso eso va a implicar que lo temes, y si tienes miedo al fracaso no te atreves a tener éxito.
Como dice Marie Forleo, “Failure as a concept is incredibly shortsighted. It’s like watching a movie and stopping in the middle because the characters hit conflict. You have no clue where the story ends unless yo keep going” (Fracaso como concepto es increíblemente miope. Es como ver una película y detenerse en el medio porque los personajes entran en conflicto. No tienes idea de dónde termina la historia a menos que sigas adelante).
Así que ya sabes, busca lo que tenga forma de cohete, acuérdate de soltar la cuerda y piensa que vuelas con paracaídas. No tengas miedo a caer, porque hay muchos cohetes y siempre podrás volver a volar.
Dans la vie, rien n’est à craindre, tout est à comprende.
(En la vida no hay nada que temer y todo que aprender)
Marie Curie