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La clave del éxito

Si quieres saber cuál es la clave del éxito este post es para ti. Puede que ya sientas que tienes una vida exitosa y no te interese seguir leyendo, pero si este es tu caso te animo a que continúes conmigo, porque no me gustaría que dejases de buscar. Es decir, ya has alcanzado el éxito, ¡enhorabuena! ¿Y ahora qué? ¿Ya está? ¿No hay nuevos proyectos? Ya tienes eso que querías, ya has llegado, ya has conquistado ese territorio. Pero si no tienes más sueños…no hay motivación…no hay ilusión…no hay nada que buscar…Imagina al mejor explorador o exploradora del mundo cuando encuentra el tesoro perdido, ¿qué hace después? Puede hacer dos cosas: seguir buscando tesoros o jubilarse y criar gallinas. Lo que está claro es que en ambos casos sigue buscando, bien un tesoro o bien un nuevo hobbie…que además da huevos.

Bien, en el caso de que no hayas alcanzado el éxito (o creas que no lo has alcanzado), vamos a ver qué es eso del éxito ¿te parece?

Según la RAE, éxito es: (1) el resultado feliz de un negocio, actuación, etc.; (2) buena aceptación que tiene alguien o algo; (3) o el fin o terminación de un negocio o asunto. 

No está mal, pero a mi me parece que le falta algo…Para mí el éxito es convertirte en la persona que deseabas, es inundar tu día a día con los valores que te importan, es ser feliz con lo que haces y seguir queriendo hacerlo aún cuando las cosas se ponen feas. Hay una gran diferencia entre ser feliz con lo que tienes y conformarte con lo que tienes. Conformarse tiene un punto de resignación, y también invita a dejar de buscar. Para mí el éxito es como eso de la felicidad. Realmente no consiste en llegar a ningún sitio, sino que forma parte de todo el camino, y nunca se acaba.

El éxito tiene más factores asociados, como las expectativas, que pueden funcionar de cohete y llevarnos lejos o pueden funcionar de petardo y hacer saltar todo por los aires. Un exceso de expectativas – que muchas veces vienen impuestas desde fuera – y la casi impuesta obligación de triunfar en la vida – porque llevar una vida “normal” parece ser de mediocres – hacen que muchas veces abandonemos nuestros sueños, que nos rindamos. Así que ojo con eso, exigencia y expectativas sí, pero sólo las que tienen forma de cohete y no de petardo.

Una vez que te has subido a tu cohete, ¡tienes que asegurarte de que has soltado la cuerda! Esa cuerda representa nuestra zona de confort. ¡Ayyy…Nuestra zona de confort….! Qué maravilla, qué seguridad sentimos y qué bien se ve todo desde ahí…Si soltamos la cuerda vamos a volar alto, y nos encontramos con el vértigo que da volar alto y con el riesgo de caer en picado. ¡Qué miedo! Sí, volar alto da miedo, caer desde lo alto da miedo. El éxito nos da miedo. Pero es que precisamente es ahí donde está el éxito, al otro lado del miedo. Debemos atrevernos a soltar la cuerda.

¿Cómo te puedo ayudar yo con eso? Vamos a hablar de ese miedo a salir de la zona de confort/soltar la cuerda y de ese pánico que tenemos a caer desde lo alto. Hablemos del fracaso.

¿Por qué tenemos tanto miedo a fracasar? En realidad no debería ser así, porque cuando somos pequeños/as nos enseñan a levantarnos cuando nos caemos. Nos insisten en que hay que intentar hasta que te salga. Como cuando aprendemos a andar en bici, por aproximación. Primero probamos con triciclos, luego bicicletas con ruedines, y luego vamos por todas. Y si nos caíamos, nos sacudíamos el polvo y volvíamos a coger la bicicleta. ¿Sí o no? Y cuando algo se nos resistía mucho pues aceptábamos que no era lo nuestro y probábamos otra cosa. ¿O acaso le dirías a un niño o una niña que siga en clases de música dándolo todo para llegar a ser Beyoncé cuando ves que “canta” como Leticia Savater? Pues no, si no es lo tuyo mejor darse cuenta cuanto antes para dejar de perder el tiempo y el dinero, y probar con otra cosa. Pero a medida que nos hemos ido haciendo mayores hemos recibido mensajes contradictorios. Ya no era eso de intenta hasta que te salga, y si no te sale pues a otra cosa

Cuando te vas haciendo mayor te van dando a entender que hay una oportunidad para todo y hay que elegir bien. Elige bien qué vas a estudiar porque es a lo que vas a dedicar el resto de tu vida. Elige bien con quién andas porque si cambias mucho de pareja ya sabes lo que dicen…Y los amigos son para toda la vida porque si decides cambiar alguna amistad por gente menos tóxica pues eres mala persona…Y cuando tienes una pareja estable y os vais a vivir juntos/as pues la cosa ya es seria y hay que formalizar. Y si te casas es para toda la vida…Y no dejes ese trabajo porque te pagan bien y la cosa no está como para perder esas oportunidades. Y no cambies de trabajo porque con lo que te ha costado llegar hasta aquí…¿Me sigues? ¿Sabes a dónde quiero llegar?

¡No nos gusta el cambio! A esta sociedad no le gusta salir de la zona de confort, no le gusta arriesgar, no le gusta poner las cosas patas arriba. El cambio nos asusta, y preferimos sacrificar que arriesgarnos. 

Déjame decirte algo, la zona de confort nos da una seguridad que no te la da nada más. Eso está muy bien y estoy de acuerdo. Pero ¿por qué es más válido sacrificar un sueño o las ganas de cambiar lo que no te gusta en tu vida que arriesgar la comodidad o una parte? 

Y otra cosa más, ¿qué pasa cuando quien arriesga es otro/a y le funciona? Pues que lo juzgamos. Dejamos salir a la envidia, esa que descansa en el rabillo del ojo… Y entonces comenzamos a echar pestes. “Porque claro, ha tenido suerte en la vida. Siempre lo ha tenido fácil, así yo también…” Lo despojamos de su éxito, y de su responsabilidad sobre ese éxito (ojo, que la suerte y los privilegios existen, y ayudan mucho, pero no lo son todo). Y te diré más, si por lo que sea algo se le tuerce… Nos alegramos, levantamos la cabeza y pensamos “si es que ya sabía yo que eso no iba a ningún sitio, a ver qué hace ahora, que no se puede ser tan ambicioso/a y caprichoso/a…”. Pero lo cierto es que la envidia que está en el otro ojo es buena. Es esa envidia que nos hace pensar cómo lo habrá conseguido el otro o la otra, porque tú quieres intentarlo también. ¡Agárrate fuerte a esa envidia porque tiene forma de cohete! 

Las personas que persiguen el éxito suelen sentirse obligadas a dar explicaciones de por qué han decidido arriesgar su comodidad, su posición. ¡Es tan descabellado querer ser feliz con tu vida! (percibe el tono irónico). Y no sólo eso, sino que les pesa muchísimo la responsabilidad, porque si “fracasan” les van a juzgar más aún, se van a sentir de nuevo obligadas a dar más explicaciones de por qué no ha funcionado y casi casi les falta tener que pedir perdón… Es como si se castigase a la oveja que se sale del rebaño…viene el perro pastor y le muerde una pata, por desobediente. A veces me da por pensar que nos educan para que no nos salgamos del rebaño porque es darle mucho trabajo al perro…Qué loco pensar esto ¿verdad? Quizás no tanto…

El éxito no es desfilar por la alfombra roja de Hollywood. El éxito no es más que vivir con motivación, con ilusión, con ganas, con cosas por las que sentirte agradecido/a, con la sensación de vivir acorde con tus valores y tus principios, con respeto hacia ti mismo/a primero y hacia los demás después. Eso es el éxito para mi. Y creo que las únicas personas que fracasan en su vida son aquellas que se rinden, las que dejan de buscar tesoros, o las que los han encontrado todos y no buscan alternativas -si no te gustan las gallinas puedes valorar otras opciones -. 

Citando a la maravillosa Michelle Obama, “fracasar es parte de tu crecimiento y del desarrollo de la resiliencia. No tengas miedo a fracasar”.

Yo personalmente admiro profundamente a esas personas que deciden arriesgar, que deciden salir de su zona de confort para perseguir una vida con más sentido para ellas, alineada con su valores y sus principios. Me parece un acto muy valiente reconocer que, a pesar del tiempo, dinero y esfuerzo invertidos en un proyecto, eso no es lo que te hace del todo feliz, no es lo que esperabas. Aceptar eso y querer cambiarlo, desde mi punto de vista es de personas inteligentes y valientes. Para mí eso ya es tener éxito. Tiene que ser difícil reconocer todo esto, y también tiene que ser difícil lo de dar explicaciones y atender a responsabilidades y expectativas. De verdad que es algo que admiro mucho. Por eso no entiendo por qué se juzgan estas acciones y se etiqueta a estas personas de insensatas, caprichosas, inmaduras… Creo que es porque se juzga desde la envidia con forma de petardo, y no desde la envidia con forma de cohete. También puede ser porque seas un perro pastor que se dedica a morder ovejas…

Bueno, yo ya me despido, pero no sin antes decirte algo, porque lo prometido es deuda, y yo te he dicho que te iba a desvelar la clave del éxito.

La clave del éxito es saber gestionar el fracaso.

¿Qué esperabas? Tal vez el secreto mejor guardado de Bill Gates o J.K. Rowling. Pero no, no tengo algo revelador que te va a cambiar la vida de golpe. ¿O tal vez sí?

¿Y si te dijera que tu vida va a cambiar si aprendes a encajar el fracaso? 

Si no aprendes a gestionar el fracaso eso va a implicar que lo temes, y si tienes miedo al fracaso no te atreves a tener éxito. 

Como dice Marie Forleo, “Failure as a concept is incredibly shortsighted. It’s like watching a movie and stopping in the middle because the characters hit conflict. You have no clue where the story ends unless yo keep going” (Fracaso como concepto es increíblemente miope. Es como ver una película y detenerse en el medio porque los personajes entran en conflicto. No tienes idea de dónde termina la historia a menos que sigas adelante).

Así que ya sabes, busca lo que tenga forma de cohete, acuérdate de soltar la cuerda y piensa que vuelas con paracaídas. No tengas miedo a caer, porque hay muchos cohetes y siempre podrás volver a volar.

Dans la vie, rien n’est à craindre, tout est à comprende.

(En la vida no hay nada que temer y todo que aprender)

Marie Curie

Me quiero, me cuido. Parte II

¿Recuerdas un post anterior en el que te enseñaba algunas recomendaciones y ejercicios para afrontar mejor el estrés o para encontrar emociones positivas en tiempos de adversidad? – ‘A mal virus buena cara’– ¿Y recuerdas también que te dije que esto no es una ciencia exacta y que un@ no siempre puede estar bien? Pues en esas estaba yo hace unas semanas, y eso es lo que te venía a contar el otro día pero al final acabé contándote otra cosa. Así que aquí estoy de nuevo. 

Para refrescarte un poco la memoria, el otro día te contaba que algunas personas tenemos tendencia a juzgarnos en exceso y a compararnos con l@s demás e infravalorarnos. Eso, además de dañar nuestra autoestima, nos limita y nos impide crecer. La autocompasión y la comparación orientada a construir una mejor versión de nosotr@s mism@s, en cambio, rompe esas barreras y favorece el desarrollo personal. También te decía que las redes sociales tienen aquí una influencia importante, porque son un enorme escaparate que, bien usado, nos permite motivarnos y realizar comparaciones positivas con el fin de ayudarnos a perseguir nuestros objetivos. Pero, si caemos en un mal uso, las comparaciones pueden hacernos sentir inferiores, bloquearnos, desmotivarnos, entre otras cosas. 

Durante este confinamiento, sobre todo al principio, me he sentido muy muy mal conmigo misma. Ahora ya he podido masticar bien todo lo que me pasaba. Primero lo tuve que hacer consciente, claro, porque me sentía mal pero no sabía lo que era aquello que me hacía estar así.

Creo saber lo que estás pensando y no, no era ni por el mero hecho de estar confinada, ni por la incertidumbre, ni por miedo…Desde el primer momento cogí todo esto con pinzas y lo puse a un lado -la información bien dosificada y siempre siempre siempre de fuentes fiables y oficiales-. No es que negase la realidad, solo que prefería dosificarlo como medida de autoprotección. Amb@s sabemos que la ansiedad está siempre al acecho y este tipo de cosas son la chispa que prende la mecha. Si me dejaba llevar sabía que no me esperaba nada bueno. Y debía mantenerme serena porque ya sabes, para cuidar hay que cuidarse. Además, no podía pedir tranquilidad en casa si yo era la primera ansiosa…

Como te decía, me sentía fatal. Era una mezcla de enfado, frustración y agobio. Y sentía también que mi autoestima se estaba dañando. ¿Adivinas dónde pudo empezar todo? Ya te lo he dicho, las redes sociales son el presente y tienen un papel principal en la película.

Llevaba una semana entera escuchando por múltiples canales, y principalmente por las redes, que debíamos establecer una rutina, comer sano, dormir bien, hacer ejercicio, ser creativ@s, vestirnos aunque fuese para estar en casa, etcétera. Además, circulaban un montón de retos para hacer, un montón de ideas sobre manualidades para hacer con los más pequeños, listas interminables con recomendaciones para leer, ver y oír…Para matar el aburrimiento, ya sabes. Y yo en plan…aburri…¿qué? ¡Pero si no me da la vida!

La gente comentaba constantemente lo mucho que estaba conectando con sí misma, mostraban fotos con conjuntos monísimos de deporte, confesaba que estaba aprovechando muy bien el tiempo para hacer un montón de cosas geniales, y encima tod@s bien vestid@s y peinadit@s. Y yo era incapaz de plantearme una rutina porque el ritmo de mis niños cada día era diferente. Lo de dormir, con un bebé lactante…vamos a dejarlo a un lado también. Lo del ejercicio pues eso, si ir de acá para allá dentro de casa cuenta…ahí lo tienes. Leer, escribir, ver series y ese tipo de cosas eran, si acaso, un golpe de suerte. Y puedo seguir contándote pero ya sabes por dónde van los tiros ¿verdad?

El caso es que un día me dije: ‘pero vamos a ver…mi vida no es como la del resto, por lo tanto, yo soy la que tiene que buscar sus propias recomendaciones. Soy adulta, responsable y que sabe qué cosas promueven una vida saludable. Así que lo único que tenía que hacer era establecer unos mínimos innegociables y ajustar el modo de vida saludable al funcionamiento de mi familia. Esto es el punto número uno.

El punto número dos era dejar de fustigarme. ¿Por qué me juzgaba de esa manera? Tengo niños pequeños, estudio un máster y algún que otro curso -porque estudiar me encanta y me cuesta decir que no a estas cosas…sé que es complicarme la vida pero a veces mi zona de confort me da alergia- A esto hay que sumar las tareas del hogar y que estar 24 horas encerrad@ -protegid@- en casa pues tiene sus repercusiones a todos los niveles: social, psicológico, físico…

Me estaba comparando, y además no con mi grupo de iguales, sino hasta con gente que no tenía una vida ni parecida a la mía. Había perdido por completo el norte. Me estaba autoexigiendo demasiado y me estaba tratando muy mal. ¿Cómo iba a poder ser la mejor versión de mí misma para cuidarme y poder cuidar si estaba siendo mi peor enemiga?

Menos mal que supe frenar a tiempo a Pepito Grillo…Porque ¿sabes qué era lo peor de todo? Me di cuenta de que todo eso estaba saliendo en forma de rabia y enfado. ¿Y sabes con quién lo estaba pagando? Exacto, con quien menos se lo merece. Mi familia.

Pero como te digo hace ya un par de semanas que eso es historia. La nueva Naiara mira con perspectiva, relativiza, no se juzga, lo intenta pero sin presiones, se premia los pequeños logros y sobre todo se mantiene positiva. Porque el humor y la risa son una de las mejores estrategias para afrontar el estrés. Y no lo digo yo, lo dicen investigador@s en este campo. En situaciones estresantes, se ha demostrado que coocurren tanto emociones negativas como positivas. Soy mucho más amable conmigo misma y me siento muchísimo mejor. Además eso repercute positivamente en el ambiente familiar y manejo mejor las emociones -sobre todo el enfado- y soy capaz de mantener la calma. Esto como norma general.

Ahora bien, no todo es rosa y maravilloso. Sigo teniendo mis días en los que no hay sitio para tanto humor, y no soy capaz de mantener tanto la calma. Soy humana, y como te he dicho antes y en alguna otra ocasión, esto no es una ciencia exacta. Estar bien es genial, pero estar mal también es totalmente legítimo. Y más ahora, que estamos pasando por una situación nueva e incierta, y es muy coherente que a veces nos sintamos menos bien o muy mal. Regodearse en el negativismo y en el dolor es tan malo como pretender estar siempre al 100% y súper-very-happy. Las emociones negativas son necesarias. Y debemos escucharlas y prestarlas atención, porque si insisten, es porque algo importante nos tienen que decir ¿no te parece? Hay veces que distraernos un poco resulta adaptativo, porque nos protege y nos hace coger las cosas en frío, o con algo más de perspectiva. Pero otras veces necesitamos bucear en el malestar para ver qué es lo que está mal y por qué. Para poder después pasar a la acción y resolver lo que haya que resolver ¿me sigues?.

Es importante conocer las herramientas que ofrece la Psicología Positiva -y que te contaba en el post ‘A mal virus buena cara’- y cómo las podemos utilizar para aumentar nuestro bienestar. Y es importante también aceptar que hay situaciones que, aunque puedan suponer una oportunidad de crecimiento, van acompañadas inevitablemente de dolor. Y lo debemos aceptar. No todo es de color de rosa, y aunque haya posibilidad de sacar el lado bueno a algunas situaciones, puede que no estemos en ese punto, y ante esa situación, en ese momento, lo único que queremos sea llorar, o estar sol@s, o desahogarnos, o qué sé yo. 

Es totalmente legítimo optar por intentar ser mejor cada día, más feliz, sentirte mejor. Al igual que es totalmente legítimo dejar todo esto a un lado los días que no te sientes bien. Porque repito, estar mal, también está bien.

Cada un@ hace lo que puede y como puede. Así que volvemos a lo de antes: quiérete, cuídate, no seas demasiado autoexigente y trátate con amabilidad.

Hoy sí que sí te he contado justo lo que quería, ni más ni menos. En este momento no puedo garantizar escribir una vez por semana, tal y como hacía antes de que el mundo se pusiese patas arriba -de hecho, el no haber aparecido por aquí durante tanto tiempo me estaba pesando bastante y me hacía sentir muy culpable-. Pero te sigo teniendo presente y prometo volver en cuando pueda.

¡¡Un abrazo y hasta pronto!!

Me quiero, me cuido

Antes de contarte nada te pido disculpas por mi ausencia todas estas semanas. Te puedo asegurar que si el día tuviese 30 horas, tampoco me bastarían. 

Hoy no es mi mejor día para aparecer por aquí, también te lo digo. He dormido apenas cuatro horas y llevo semanas de cansancio acumulado. Esta situación está tocando más a un@s que a otr@s, esa es la realidad, y yo soy una privilegiada. Pero también es cierto que no se olvida de nadie. Todas las personas, absolutamente todas, se están viendo afectadas. Y repito, digo esto desde mi posición privilegiada, puesto que tanto mi familia como yo gozamos de salud, tenemos una casa en la que permanecer a salvo, con sus comodidades, y estamos respaldados por uno de los mejores sistemas de salud, a pesar del colapso. Pero esta posición no me hace intocable.

Tengo familia a la que cuidar y varios proyectos que atender. Pero me había olvidado de algo importante. De mí.

Un@ tiene que estar bien para cuidar, para dar la mejor versión de sí mism@. Si no, corremos el riesgo de sufrir más estrés, de estar emocionalmente desregulad@s, de proyectar nuestras sombras en los demás, de dejar evaporar nuestra energía…Y al final de todo, de enfermar. Y no me refiero a enfermar físicamente (que también puede pasar, porque nuestro sistema inmune también está influido por nuestro estado psicológico), sino que nos vuelve más susceptibles de enfermar psicológicamente.

Así que hoy he parado. Me apetecía escribir y compartir algunas cosas contigo. Por tanto, aquí me tienes. Escribirte me hace sentir bien. Compartir me hace sentir bien.

Soy consciente de que cuando escribes un blog personal te expones a los demás, y eso te hace más vulnerable. Y a veces asusta un poco, porque tampoco sabes muy bien quién está al otro lado, y no sabes qué va a pensar de ti, si te va a juzgar o cómo, si se sentirá como tú, si le sirve lo que cuentas…Pero creo que la vulnerabilidad nos humaniza, nos acerca a las demás personas. Y además siento que me acerco de manera honesta y real. Esta soy yo, sin trampa ni cartón. ¿Sabes lo agotador que sería estar constantemente fingiendo ser algo que no eres? 

Hay veces en las que admiramos tanto a alguien que creemos que todo lo puede, que todo lo hace bien, que siempre está arriba, y además sin despeinarse y con una sonrisa en la cara. Pero olvidas que todos tenemos nuestra criptonita, nuestro talón de Aquiles.

Las redes sociales juegan aquí un papel muy importante. ¿Y qué tienen que ver? te preguntarás. Pues más de lo que crees.

Sin darnos cuenta, o sí, nos construimos también en base a comparaciones con nuestro grupo de iguales. Con amig@s, conocidos, otras madres o padres, con referentes de nuestro sector…Nos comparamos, nos evaluamos y nos juzgamos.

Cuando este proceso te empuja a mejorar, a crecer, a ser tu mejor versión, está más que genial. Pero si lo que hace es hundirte…¿cuál es el beneficio? No hace falta que pienses, te lo digo yo. NINGUNO. 

Lo que sirve, ya te lo he dicho en otras ocasiones, aunque con otras palabras, es compararse con uno mismo. Ver dónde estás y dónde quieres estar, para caminar en la dirección correcta y convertirte en quien tú deseas. Puedes fijarte en otro jardín ¿recuerdas? (si sientes que te estás perdiendo y no sabes de qué hablo porque eres nuev@ por aquí te sugiero que leas Encuentra tu faro).

Como te decía, puedes fijarte en otro jardín, pero no para juzgarte o desde la envidia, sino para motivarte y querer conseguir lo mismo, tomarlo como  un/a referente. ¿Me sigues?

Volviendo a las redes sociales. ¿Crees que la gente publica al 100% la realidad? ¿O crees que publica lo que quieren que los demás piensen sobre cuál es su realidad? (Que te vuelvo a repetir que a mí me parece agotador) ¿Cómo se fotografía un mal día en casa o en el trabajo? No queda igual de bonito ¿verdad? Contar lo maravillosa que ha sido tu excursión al monte con tu picnic real-food y una sesión de yoga al aire libre justo después de que un unicornio comiera flores de la palma de tu mano queda muchísimo mejor que contar que el día no te ha cundido nada, no has sido productiv@, has estado de mal humor y lo has pagado con quien más quieres y encima has cenado una pizza. Imagina esto en las redes sociales.

¿Qué quiero decir con esto? Que no es oro todo lo que reluce. Que practiques la autocompasión, y que utilices la comparación siempre para crecer y no para hundirte. Y también te quiero decir que aunque todos tenemos sombras (y no se publican en redes porque no queda bien), también es cierto que hay personas que se lo saben montar mejor que otras. ¿Quiere eso decir que no tienen momentos menos productivos o días malos? Desde luego que no. Pero funcionan en base a sistemas y rutinas que les resultan útiles en su día a día. 

Sobre esto ya te cuento otro día porque, uno, ya me estoy extendiendo mucho, y dos, yo pasaba por aquí para contarte otra cosa…y me he ido por las ramas…Pero bueno, todo esto de evitar comparaciones o utilizarlas para crecer y construir una mejor versión de ti me gusta y me parece interesante. Así que el próximo día ya te cuento lo que venía a contarte hoy. Te adelanto que es sobre cómo me he sentido y me estoy sintiendo durante el confinamiento, y cómo por fin me he comprendido y he puesto en práctica eso de no juzgarme tanto y quererme más. Porque yo también necesito cuidarme para cuidar.

Hasta aquí por hoy, espero traerte pronto la segunda parte (y no salirme del guión).

Un abrazo y mucho ánimo!!

A mal virus buena cara

El otro día compartía por Instagram una publicación donde decía que no importa mucho la causa del innombrable, por qué nos ha pasado esto. A efectos funcionales de poco nos sirve ¿verdad?. Entonces sugería en el post que en vez de preguntar ‘por qué’, ayuda más preguntarse ‘para qué’.

Si yo te respondo que esto es por culpa de los chinos o de Trump, pues como mucho te sirve para que los maldigas a todos y te desahogues un poco. Pero tú vas a seguir igual, encerrad@ en tu casa, pensando si has comprado suficientes víveres por si se masca la tragedia y sacando rentabilidad a tus cuentas de Netflix, HBO y/o Movistar+. 

Pero si te respondo que esto nos puede servir para ser más empátic@s, para ser más responsables con nuestra comunidad y dejar de mirarnos nuestro propio ombligo, para valorar algo tan simple como un abrazo, una caricia, un beso. La libertad. Y no solo eso, sino que nos trae la oportunidad de emplear nuestro tiempo en otras cosas diferentes a las que estamos habituad@s por obligación o por responsabilidad. El dichoso virus, a quien no le ha afectado de manera grave, claro está, nos ha regalado tiempo.

¿A dónde quiero llegar con esto? No pienses que nos conviene esto que nos está pasando. ¡Para nada! Esto va a traer cola y consecuencias importantes. Pero es cierto esto que te voy a contar. Según investigaciones llevadas a cabo por R. Lazarus (entre otr@s), en situaciones desagradables y adversas coocurren emociones negativas y positivas. 

En los últimos días, debido a la incertidumbre de todo esto, con l@s niñ@s en casa (quien l@s tenga), haciendo malabares para sacar el trabajo adelante, tomando las precauciones que se indican desde diferentes fuentes, la sobreinformación, etc., estamos sometid@s a mucho estrés y angustia. Pues bien, lo que sugiere este autor es que, aún en estas condiciones, se dan emociones positivas, y que éstas tienen una función adaptativa, potenciando y sumando eficacia a las estrategias de afrontamiento.

Las emociones positivas nos predisponen a evaluar los acontecimientos estresantes como un reto, lo que conlleva a un aumento de la esperanza y del optimismo, y esto a su vez, como un círculo vicioso, incrementa o mantiene las emociones positivas.

Lazarus sugiere que si afrontamos el estrés de una manera eficaz, no solo prevenimos consecuencias negativas para nuestra salud, sino que es muy probable que mantengamos bajo control la situación y posibilitemos el crecimiento personal, aumentando el bienestar.

Desde la psicología positiva se ofrecen diferentes estrategias para afrontar el estrés de manera más adaptativa, favoreciendo el afecto positivo y mejorando el bienestar: 

  1. Búsqueda de sentido a la situación, interpretando los sucesos de manera más positiva.
  2. Buscar un significado existencial para conseguir ajuste emocional. Algunas personas se sirven de su fe para encontrar esa tranquilidad, y otras emplean el mindfulness u otras estrategias de meditación para conseguir la regulación emocional.
  3. Planear y realizar actividades positivas de manera cotidiana.
  4. Asumir la diferencia entre la situación real y las expectativas generadas. Una vez aceptado, las estrategias estarán orientadas a mejorar la situación y no tanto a paliar los efectos emocionales negativos.
  5. Focalizar la atención en los aspectos positivos más que en los negativos. De esta manera se permanece más optimista y se buscan mejores soluciones.

Esto en cuanto al afrontamiento del estrés. Pero la psicología positiva nos ofrece múltiples posibilidades de fomentar las emociones positivas y aumentar nuestro bienestar.

Hay un ejercicio que personalmente me encanta. Se llevó a cabo un estudio en el que se les pedía a los participantes que durante 13 días tenían que escribir 3 cosas por las que estaban agradecid@s. Podían ser cosas que dependían de ell@s mism@s o de los demás, y también que no dependía de nadie, como por ejemplo que haga sol.

Te puedes imaginar cuáles fueron los resultados. El bienestar (niveles de afecto positivo) de estas personas según las pruebas administradas había aumentado significativamente. Mostrar agradecimiento se asocia a una mayor satisfacción con la vida. Así que te propongo este ejercicio: DIARIO DE GRATITUD. Durante los días que dure el reto #yomequedoencasa (aunque te recomiendo que lo hagas siempre), escribe antes de acostarte al menos tres cosas por las que te sientas agradecid@. Y además, anota a qué se deben (si depende o no de ti).

Las investigaciones sobre bienestar psicológico nos muestran cosas muy interesantes. Las emociones positivas dependen de factores genéticos, de las circunstancias personales y de lo que hagamos cada un@ en nuestras vidas. Si te pido que me digas en qué proporción afecta cada una de estas tres cosas, es probable que me digas que el nivel socioeconómico, la inteligencia, la localización geográfica y factores de este tipo influyen igual o más que la genética. O que cuando un@ vive desgracia tras desgracia poco puede hacer para ser feliz. Pues bien, la literatura nos dice que los factores genéticos o no modificables influyen en un 50%, el contexto de cada un@ tiene un peso del 10% y el 40% restante es para factores controlables intencionalmente.

Esto nos da la pista. Hay cosas que no dependen de nosotr@s, y lo mejor que podemos hacer es aceptarlo para poder avanzar desde ahí. ¡Pero hay un 40% del queso que nos dice que puedes hacer mucho para ser feliz! Por eso yo te propongo que ‘A mal virus buena cara’. La situación es la que es, pero tenemos capacidad y estrategias de sobra para sobrellevar esto de una manera más eficaz. Seguro que has visto vídeos de los balcones italianos con gente bailando. No me digáis que la sociedad unida no puede hacer cosas geniales… 

Esto es solo una pequeña píldora. Hay más cosas que te puedo contar sobre la aplicabilidad de la psicología positiva. Se me ocurre también destacar las fortalezas individuales (o comunitarias, como el ejemplo de los balcones en Italia), nuestros puntos fuertes, y utilizarlos para reevaluar la situación de otra manera. 

¿Y sabes otro ejercicio que me parece genial? Escribe una carta de agradecimiento personal a alguien. Puedes elegir cualquier persona que creas que te ha aportado algo importante para ti en la vida. Familiares, maestr@s, amig@s…Cualquier persona. Después tienes varias opciones: leerla en voz alta, enviársela a esa persona o leérsela tú mism@ (esta última opción se ha demostrado que es la que mayor satisfacción genera). Piensa en alguien que te ha aportado valor y a quien nunca se lo has agradecido, por timidez o porque no has tenido la oportunidad. Incluso puede ser una persona fallecida, y luego puedes leerla en voz alta. Te aseguro que sólo con ponerlo sobre el papel vas a notar efectos positivos.

Como te digo, estas son solo unas ideas. La psicología ofrece mucho más. Pero creo que ya me he extendido bastante… Si quieres saber más puedes dejar un comentario o enviarme un correo electrónico. Estaré encantada de contarte más cosas sobre esto. Y si quieres saber algo sobre lo que yo no sé pues ¡estaré aún más encantada de buscar información al respecto y compartirla! ¡Se admiten (y se agradecen) propuestas y sugerencias!

Y hasta aquí por hoy, retransmitiendo desde el sofá, en mi cuarto día encerrada en mi hogar dulce hogar. Pronto más y espero que mejor.

NOTA: Si todo esto te sobrepasa, si no puedes evitar estar de mal humor, si te da pena todo lo que está pasando, si tu vida se está viendo muy afectada, es decir, SI ESTÁS MAL, TAMBIÉN ESTÁ BIEN. Los sentimientos ahí están, y hay veces en las que podemos hacer cosas para cambiarlos y otras veces pues nos supera todo. Ambas cosas están bien, porque esto no es una ciencia exacta, no podemos controlarlo todo y las cosas no son tan fáciles. La clave está en aceptar y ver entonces qué puedo hacer con lo que me pasa. Sea cual sea tu caso, la psicología puede ayudarte.

‘Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar’

Federico García Lorca

No soy una mandona

Hoy voy a ser muy poco original, pues mi publicación es reivindicativa, como no podía ser de otra manera. Soy mujer, y soy feminista, y hago esto por mí y por mi familia, por aquellas mujeres que lucharon por nuestros derechos, por las que lo siguen haciendo y por todas aquellas que ya no pueden porque alguien ha decidido que no merecían vivir. 

También lo hago porque tengo la esperanza de que mi hija y mi hijo vivan en una sociedad igualitaria y libre de género. Quiero pensar que van a tener las mismas oportunidades y que sus elecciones van a tener las mismas implicaciones independientemente del sexo. Y todo esto en un futuro no muy lejano.

Este post es por las mujeres, pero es apto para todos los públicos. Porque verás, el feminismo es cosa de tod@s. Es más, esto también es cosa de l@s más pequeñ@s. La educación es uno de los pilares fundamentales en este movimiento. Así que empezaré por ahí.

Cuando una niña le dice al resto lo que tiene que hacer, organiza el juego y al grupo, se oye su voz por encima de la de los demás, etc., se le dice que es una ‘mandona’. Sin embargo, si esto mismo lo hace un niño, es el ‘líder’. No es ‘mandón’. Y te digo más. Si una mujer llega a ocupar un puesto de responsabilidad en una empresa y tiene esta actitud y habilidades, es considerada ‘mandona’, no líder. Se la critica y se la juzga de manera negativa. Pero la cosa cambia si esto lo hace un hombre. Entonces sí, tiene habilidades de liderazgo y es probable que promocione dentro de su empresa. El éxito se asocia con valores positivos para hombres y con valores negativos para mujeres. 

Piénsalo un momento. ¿Qué me dices? ¿Crees que me equivoco y exagero? Yo creo que es una realidad.

En 2003, Flin y Anderson realizaron un estudio para medir la percepción que tenían sobre el trabajo hombres y mujeres. Utilizaron el caso de Heidi Roizen, una inversora de éxito, de personalidad abierta y con una red profesional que incluía a algunos de los líderes más importantes del sector tecnológico. A unos estudiantes les asignaron este caso, a una mitad se les dijo que pertenecía a un hombre (Howard) y a la otra mitad se les dijo que era una mujer (Heidi). Preguntaron a los estudiantes sobre sus impresiones acerca de esa persona. Evaluaron a Heidi y a Howard como igualmente competentes, y aunque todos respetaban a ambos, a Howard lo describieron como un compañero de trabajo más interesante, y a Heidi como egoísta y como el tipo de persona al que no contratarías o con quien no te gustaría trabajar.

En 2012 se publicó otra investigación parecida. Corinne Moss-Racusin lleva a cabo el siguiente experimento: presenta dos currículum exactamente iguales, con la misma experiencia laboral, la misma formación y las mismas competencias. La única diferencia es que un CV pertenece a un hombre y el otro a una mujer. Se entregan ambos CV a 127 profesores de biología, física y química para evaluar sus competencias y ser contratados. ¿Sabes qué pasó? Según estos expertos, ella es un 17,5% menos competente y debería cobrar un 12,4% menos. Ambos currículum son inventados y estas personas no existen. Los resultados hablan por sí solos.

Pero claro, si a lo largo de la historia, desde hace cientos de años, nos hemos acostumbrado a ver el éxito vestido de traje y con sexo masculino, pues es de esperar que cuando pensamos en una persona de éxito no nos venga a la cabeza la imagen de una mujer. El patriarcado ha hecho muy bien sus deberes y se ha encargado de que esto sea así. A la mujer le han asignado roles muy distintos y su éxito no va más allá de la puerta de su casa, y en muchos casos no sale ni de la cocina.

El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban

Kate Millet

¿Y qué me dices de esas marcas o empresas que venden productos con frasecitas para recordar a las mujeres que son maravillosas y que todo lo pueden? La típica taza en la que pone ‘girl boss’, por ejemplo. ¿Acaso necesitamos objetos que nos recuerden que nosotras podemos ser CEO? ¡Si ya lo sabemos! A nosotras nadie nos tiene que recordar que podemos llegar lejos si nos lo curramos como el resto. ¿Acaso alguien ha visto una taza de café en la que ponga ‘sal ahí fuera y cómete el mundo campeón’? De nuevo la sociedad marca diferencias.

Todos y todas necesitamos de vez en cuando un empujoncito o una palmadita en la espalda, pero como os digo, parece que en esta sociedad es la mujer la que lo necesita más, y el hombre es menos hombre si lo necesita. No soy una ‘feminazi’. Esto nos afecta a tod@s. Este apelativo lo han inventado quienes se incomodan con nuestra lucha, y ven peligrar su estatus. Nuestros intereses no incluyen quitar nada a nadie, sino que queremos igualdad. No queremos que a los hombres les quiten sus privilegios (que por cierto, los tienen por el hecho de ser hombres), sino que queremos tenerlos nosotras también (cosa que hemos tenido que luchar y lo tenemos que seguir haciendo, solo por ser mujeres). Pues ahí va un secreto: este barco no llega a puerto si no remamos codo con codo. Si las mujeres paramos, el mundo también se para. 

Cambiemos la mirada señores y señoras, esto no va de a ver quién la tiene más grande. Esto va de que cualquier persona tiene derecho a buscar la felicidad como le dé la gana, siempre y cuando se respete al de enfrente. Dentro o fuera de casa, con o sin hij@s, sola o acompañada. Y con seguridad y libertad, elijas el camino que elijas, sin miedo y sin ser juzgad@, y sin que las elecciones tengan diferentes implicaciones en función del sexo.

El feminismo no trata de fortalecer a las mujeres. Las mujeres ya son fuertes. El feminismo trata de cambiar la forma en que el mundo percibe esa fortaleza

G. D. Anderson

Así que dile a tus hijas (si las tienes) que cuando las llamen ‘mandonas’, digan que simplemente tienen habilidades ejecutivas de liderazgo, como dice mi colega María Fornet en su libro Feminismo Terapéutico. Y que no es malo que sigan desarrollando esas habilidades. También las mujeres sabemos, podemos y debemos liderar.

NOTA: María Fornet es una escritora, psicóloga y coach fantástica. Tanto en su libro ‘Feminismo terapéutico’ como en su podcast ‘The Gender Psychologist’ os habla de todo esto mucho mejor que yo. Seguidla en redes, leedla y escuchadla. Es una de esas personas que está ayudando a cambiar el mundo, o por lo menos invierte mucho tiempo y energía intentándolo. A mí me inspira y adoro todo su trabajo. En todo lo que hago imprimo lo que he aprendido de ella. Siempre agradecida, María.

Me siento orgullosa de este post, porque creo firmemente en la causa, porque creo que es posible y porque quiero pensar que mi granito de arena ayuda a construir aquello por lo que tantas personas estamos luchando. Independientemente de si te gusta o no mi blog, te invito a que compartas esta publicación y se siga dando visibilidad a la lucha feminista. Este movimiento sirve además para mantener viva la historia de todas las mujeres que han luchado por esta causa, que lo han dado todo, que se han preocupado por las generaciones futuras. Y por todas aquellas que ya no están, que han sido asesinadas y ya no tienen voz en la historia. En honor a todas ellas, a todas NOSOTRAS.

‘Le cortan las alas y luego la culpan por no saber cómo volar’ 

Simone de Beauvoir

Mi huella

¿Sabes cuál es la palabra más bella para una persona? Su propio nombre. Y es que es nuestro primer sello de identidad.

Desde que nacemos, todo lo que nos sucede va imprimiendo su huella. Imagina que coges un papel y lo arrugas, lo haces una bola. Ahora intenta dejarlo como estaba. No se puede ¿verdad? Esas arrugas no van a desaparecer del todo. Y es que el cerebro nunca olvida. No hay botón para formatear el disco. No se puede borrar. 

Por tanto, todo en esta vida, cada experiencia, tiene su impacto, en menor o mayor medida, y es para siempre. Estamos hechos de pequeñas marcas a lo largo de nuestra historia. ¿Cómo es posible entonces acertar cuando te dicen que te definas? Eso tan típico como ‘définete en pocas palabras’. ¡Ja! ¡En pocas palabras! ¿Cómo cuentas una vida en pocas palabras?

En mi opinión, puedes contar cuáles son tus valores, o aspectos muy arraigados en ti. Pero no creo que te puedas definir de una forma cerrada y contundente, y menos en pocas palabras. Porque, al igual que nuestro contexto va cambiando, tú también lo haces y te vas adaptando a él y a las situaciones que te va tocando vivir. Vas aprendiendo y vas interiorizando comportamientos y creencias que te van moldeando, como una figura de barro.

¿Acaso se puede definir algo que es diferente a lo de ayer y distinto de lo que será mañana? Estamos sometidos al cambio constante. Y no sé para ti, pero para mí es muy difícil definir algo que no es estático… 

Por tanto, dependiendo del momento, del lugar, de tus circunstancias personales, tu identidad es un u otra. Por eso es injusto pensar que por tener una mala época te cuelgues una etiqueta que consideras inamovible, y te juzgues de la manera tan dura con que a veces lo haces. ‘Soy un desastre’, ‘soy un fracaso’, ‘soy mal amigo/mala amiga’, ‘soy vag@‘, etc. Como dice Alice Munro, ‘en la vida tienes unos cuantos sitios, o quizá uno solo, donde ocurrió algo; y después están todos los demás sitios’. Déjame darte un consejo: no te olvides del contexto. No podemos identificarnos con el contexto. Una cosa eres tú, y otra es lo que haces o lo que te sucede en un determinado momento. ¡Ojo cuidado con abusar de las etiquetas! Sirven para clasificar y tenerlo todo ordenadito, pero la mayoría de las veces las usamos para condenar. 

Recuerda esto: todo cambia.

También se le puede dar la vuelta a la tortilla y pensar que como eres buen@ en algo, ya está, ya lo tienes hecho. Ahí tienes tu marca de identidad. Pues bien, ahí va un pequeño secreto robado de la cultura del sol naciente: para vivir más y mejor, una de las claves es mantener la mejora constante. Aunque hagas bien algo, intenta buscar la manera de hacerlo un poco mejor. (Los japoneses tienen una palabra concreta para este concepto de ‘mejora constante’: kaizen, que sería algo así como ‘cambio bueno continuo’)

Todo es susceptible de cambiar.

Nada permanece estático a lo largo del tiempo. Y cuanto antes asumas este principio, antes entenderás muchas cosas. 

Como te decía, hay cosas que sí permanecen a lo largo del tiempo. Sufren ligeros cambios, sí, pero forman una base más sólida en nostr@s. Te voy a exponer esto con una metáfora. Tu vida es un viaje y tú llevas una mochila. Si alguien abre tu mochila puede aventurarse e intentar adivinar cómo eres, cuál es tu identidad, tan solo analizando tu equipaje. Sí y no. porque hay cosas en ti que son permanentes, como los valores. Aunque por el camino puedes ir metiendo más valores en tu mochila, hay algunos que siempre vas a llevar contigo por considerarlos fundamentales. Y No porque hay cosas que has decidido meter en tu mochila en un momento determinado pero durante tu viaje te das cuenta de que no lo necesitas, de que te estorba o dificulta tu viaje, de que no es tan útil como pensabas, de que eso no va contigo… Tu mochila es tu identidad, tu equipaje te define y si alguien abre tu mochila puede saber cómo eres. Pero tu mochila no siempre contiene las mismas cosas. Algunas te acompañan durante todo el viaje y otras las vas desechando y vas metiendo otras distintas.

Pero hay algo más. Si sabes qué paradas quieres hacer en tu viaje, si sabes dónde quieres ir, es más fácil preparar el equipaje, y lo harás de una forma consciente, coherente y en consonancia contigo. ¿Me sigues? Te traduzco: si sabes quién quieres ser, sabes quién eres.

Hasta aquí por hoy. Te dejo pensando.

‘No soy una y simple, sino compleja y múltiple’

Virginia Woolf

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