Feed del blog

Si te sientas pierdes turno

No soy novelista, pero hoy te traigo una historia. No te va a dejar con la boca abierta…pero puede que al menos te haga pensar, y yo habré cumplido con el objetivo del post.

Antes de nada: se trata de una metáfora ¿vale? Así que dale cancha a la imaginación porque no me gustaría que dejases de leer a eso de la mitad…

Para que sea más fácil (y no te aburras, dicho sea de paso), vamos a combinarlo con algo de visualización ¿te parece? Así que imagina que ya ha pasado la pandemia. La vacuna ha resultado ser muy eficaz, y ya no hay ingresos hospitalarios, ni confinamiento, ni mascarillas, ni nada de nada. Llevas un año entero deseando hacer una escapada de fin de semana a algún lugar perdido donde poder desconectar y relajarte. 

Has reservado una habitación en una casa rural ubicada en un entorno idílico. 

Después de desayunar sales a dar un paseo. 

Vas caminando por un sendero cubierto de hojas. 

Hay árboles a ambos lados. 

Hace un día genial.

Has planeado varias actividades que no te quieres perder, y que además has reservado con mucha antelación. 

También te han hablado de un restaurante en el pueblo vecino donde se come muy pero que muy bien. 

(Un inciso aquí para aclarar que esas actividades y ese restaurante representan nuestros objetivos, nuestras metas, y que el sendero es la vida y nuestras circunstancias).

Así que caminas feliz de la vida sabiendo el día que tienes por delante.

Peeeero…de pronto te encuentras con una roca enorme en mitad del sendero. ¿Qué haces? Pues lo mismo que cualquiera: tirar de recursos.

Intentarías moverla. Coges un palo y haces palanca…

No funciona, así que empiezas a cavar a su alrededor a ver si así se mueve. 

Nada…

Intentas empujar, y tampoco.

Pruebas a atarla con una cuerda y tirar…

Pruebas cientos de cosas, y ninguna funciona.

Te enfadas y te sientas, pensando que la vida es muy injusta, que tiene que haber una manera, que alguien se tiene que hacer cargo y venir a quitarla…

Aquí hay dos tipos de personas. Las que se quedan sentadas esperando a que la cosa cambie para poder seguir su camino tal y como tenían planeado, y las que piden ayuda.

Voy a suponer que tú eres el segundo tipo de persona, porque si eres del primer tipo de persona, la historia acaba aquí para ti. Sigue sentado/a esperando a que alguien venga y te quite la piedra (eso sí, antes de que anochezca y empiece a hacer frío), o a que con el paso de los años y el efecto de la atmósfera la piedra se desintegre y puedas seguir (es decir, pásate la vida esperando).

El segundo tipo de persona busca a un paisano, pide ayuda: “buenos días, mire, estaba yo tranquilamente caminando hacia mis objetivos y de repente una piedra enorme se ha puesto en mi camino. No hay manera de solucionar esto, lo he intentado todo. ¿Qué puedo hacer?”

A lo que el paisano responde: “¡Ah sí! Eso pasa muy a menudo. Tienes razón, no hay manera de quitarla. Pero no lo has probado todo. Hay otra solución, pero claro, implica mucho esfuerzo la verdad, y algún que otro cambio y renuncia. Pero si de verdad quieres llegar a ese sitio, lo que puedes hacer es deshacer lo andado y probar con otro camino. Es más largo, y no te puedo garantizar que no caigan piedras. Pero dado que en este ha caído una que no puedes quitar, podrías probar con ese otro”.

De nuevo dos tipos de persona. La que dice que no merece la pena el esfuerzo y se vuelve a sentar a esperar (de nuevo, si eres este tipo de persona, hasta aquí la historia para ti).

Y luego está la que decide probar. La que tiene el valor de reconocer que este camino, a pesar del que es el que quería y la mejor opción, ya no sirve, no se puede recorrer, y por tanto lo acepta y decide apostar por el cambio.

Puede hacerlo sola, o puede pedirle al paisano que la acompañe un rato, por si hay algún otro obstáculo por esos lares que no sabe manejar…

En cualquier caso, ella sigue. Puede que por ahí tampoco llegue, porque hay veces en las que la vida se nos pone en medio, y nos pasan cosas que nos ponen a prueba, cosas que no podemos manejar, cosas que no podemos cambiar, cosas para las que no contamos con recursos suficientes, etc.

No debes olvidar que en la vida influyen muchas cosas, como la suerte (sí, la suerte, existe y hay un poco de eso también), los privilegios de cada uno, la educación que has recibido, tu nivel socio-económico… Y eso de que si te lo propones puedes conseguirlo todo, no es cierto.

En definitiva, tu universo de posibilidades está sujeto a un contexto particular, y es necesario tenerlo en cuenta. No siempre conseguimos lo que queremos, y hay veces que unos lo tienen mejor que otros.

Pero esta estrategia, la de probar otros caminos, sin la certeza de que te llevan a donde tú quieres, pero que sí te sacan de donde estás, la tienes disponible. Los caminos son diferentes para cada uno, y en parte lo son porque los caminos llevan a lo que es importante para ti en la vida.

Mis caminos no son los tuyos, pero los recursos para caminar y sortear obstáculos se pueden compartir entre caminantes. 

Lo importante aquí es tener claro a dónde quieres llegar, y después se trata de caminar en esa dirección con una mochila llena de herramientas.

¿Que por aquí no puedo? Pues intento todo lo que sé para conseguirlo, y si pasado un tiempo razonable e invertido un esfuerzo justificado no lo consigo, pues este no es mi camino, y probaré otros. A veces puedo necesitar ayuda, y eso está bien. A veces puedo darme cuenta de que el camino tan duro no merece la pena porque donde quiero llegar tampoco me interesa tanto.

O puede ser que por el camino descubra otros sitios que me interesan más y decido cambiar el rumbo. 

Te habrás dado cuenta de que llevas leyendo un ratito y yo aún no he acabado la historia… Y es que la historia no termina (a no ser que seas el tipo de persona que te he dicho antes y permaneces sentado/a, esperando, y entonces la historia para ti ha terminado nada más comenzar prácticamente). Si eres el tipo de persona que actúa, tu historia no acaba. Se repite y se alarga hasta donde tú quieras, más o menos así: camino – piedra – alternativa – camino – piedra – alternativa… Algunas veces hay muchas piedras, y otras veces caminamos mucha distancia sin problemas.

Pero en cualquier caso, si encuentras una piedra, sentarse a esperar es la última opción. Confía en tus recursos, busca alternativas y toma decisiones. Y recuerda, pedir ayuda también es una buena alternativa.

«Laisser faire»

Puedes pensar que es amor de madre, o tal vez que me guste presumir de hija. Pero la verdad es que simplemente algunos comportamientos de ella me fascinan y me inspiran.

Cada día debe llevar a la escuela un tentempié para el recreo, y debe ser fruta (aunque ella cada día me pide zanahoria, y no hay quien la saque de ahí…),a excepción de los viernes, que pueden llevar lo que quieran.

Son niños/as, y los viernes suelen llevar galletas, chocolatinas o cosas por el estilo.

El viernes pasado le pregunté qué quería llevar, y me dijo que fruta. Yo le recordé que era viernes y que podía llevar lo que quisiera, pero ella insistió y me dijo que quería granada. ¿Por qué? (Aquí es cuando aparece esa fascinación de la que te hablaba).

Me dijo que como estaba desayunando una tostada de crema de cacao (no revelo la marca, voy a hacer las cosas bien, como los/as blogueros/as de verdad), entonces quería fruta para no comer demasiado dulce.

Vamos a analizar bien esto. Primero partimos de la base. Mi hija tiene 7 años. Lo normal es que a esta edad no rechace este tipo de reforzadores —¡chocolate!— en pos de su salud. Si tú les dices que pueden elegir lo que quieran porque es viernes pues ellos entienden que tienen carta blanca y lo esperable es que le saquen jugo, y si pueden cambiar “alimento saludable” por “llevo lo que yo quiera” pues, a ver, esperas que elija lo segundo y que ni tan siquiera tenga en cuenta lo que ha desayunado. 

Yo lo que veo es responsabilidad, y más allá, lo que veo que subyace a esta elección son valores. Es difícil para muchas personas adultas seguir hábitos saludables, a pesar de que sabemos las consecuencias de cometer excesos y alimentarnos de manera cuestionable a veces. Imagina para un/a niño/a que solo saben lo que es bueno o no para su salud porque se lo dice un adulto y ya. Tienen fe en ti o en su pediatra, pero nada más, porque no son capaces de comprender más allá y tan a largo plazo (“si comes mucho dulce, a medida que creces puedes tener problemas de salud y alguna enfermedad” — what??—).

Por tanto aquí la primera observación, responsabilidad y valores. ¿Qué más? Hablamos de toma de decisiones.

Como ya sabrás, cada decisión tiene consecuencias, y cada decisión nos hace normalmente renunciar a algo y conseguir otro algo. No se puede ganar todo siempre, si no no nos costaría decidir. 

Ella ha tenido claro muy rápidamente que al elegir chocolate en el desayuno no está bien que vuelva a elegir chocolate como tentempié. Con mucho gusto hubiese elegido galletas, pero ha tomado una buena decisión, teniendo como centro su salud, una buena alimentación.

Traslademos esto al mundo adulto, a la toma de decisiones. Muchas veces nos cuesta este proceso, y le damos vueltas una y otra vez a lo mismo. Vamos a dejar de lado por ahora decisiones muy importantes o trascendentales, que tienen más miga, y nos quedamos con aquellas que vamos a llamar «de uso diario».

¿Qué debemos tener en cuenta para tomar una buena decisión? (no que sea moralmente buena ¿eh?, sino que sea buena para ti y en tu situación). Pues lo primero analizaremos pros y contras de decidir una cosa y la otra. 

¿Qué más debo tener en cuenta? Pues que cada decisión conlleva una pérdida y una ganancia, como te decía. Acepta que vas a renunciar a algo, y que esa renuncia es porque persigues algo que quieres más o que es mejor para ti…

¿Qué otra recomendación te haría yo y que te puede ayudar a tomar mejores decisiones PARA TI? Tener presentes siempre siempre siempre tus valores. Mi hija en este caso ha abogado por la responsabilidad y por la salud (creo que son muy buenos valores, personalmente). 

Si sabes cuáles son tus valores (el post “Encuentra tu faro te puede ser útil aquí), te resultará más fácil tomar decisiones. Cuanto más claros los tengas, mejor.

Y no olvides que no nacemos con unos valores puestos, fijos e inamovibles. Unos valores se heredan, otros se eligen y se aprenden, y todos se trabajan (te recomiendo muy mucho el ejercicio del jardín).

A tomar decisiones también se puede aprender, pero otro día te cuento sobre esto más en profundidad. Hoy hasta aquí.

Hasta pronto,

Un abrazo.

P.D. ¿Quieres saber por qué me ha fascinado tanto la decisión de mi hija? Probablemente el resto de la clase lleve galletas y chocolate al recreo, y ella será la única con fruta, pareciendo “la hija de los/as padres/madres que van de guays/súper healthy” (que te adelanto que no es cierto, porque en mi casa también comemos pizzas y helados). A ella no le ha importado la identidad grupal o seguir al rebaño. Ha priorizado su decisión libre a seguir al resto. Eso es lo que más me ha gustado, el valor del respeto, respeto hacia sí misma y hacia lo que ella cree (aunque nada de esto haya sido consciente para ella, porque su decisión ha sido espontánea. Pero precisamente porque estaba impregnada de valores).

P.D. ¿Por qué este título? «Laisser faire» es la expresión francesa para «dejar hacer». Y lo he elegido para enfatizar la importancia de dejar a los demás libertad para que tomen sus propias decisiones, y sin dejarse influenciar por el rebaño. 

Mi mente me pone la zancadilla

Hola de nuevo, aquí estoy como cada semana, pandemia mediante, para contarte algo que te pueda servir. Tal vez no ahora, pero puede que más adelante. De todas las maneras, como dice mi colega María Fornet, coge lo que te sirva y deja el resto.

Hoy vengo a contarte algo sobre el autoconocimiento. Este tema da para mucho, y me encanta. Pero prometo ser breve.

El caso es que se habla mucho de esto pero se practica muy poco. Conozco poca gente que no caiga en la tentación de sacar el móvil cuando está sola. En el transporte público, en una sala de espera, en una cafetería… Nos soportamos más bien poco diría yo.

Nos incomoda pasar tiempo con nosotros/as mismos/as. Pero ¿cómo vamos a conocernos si no pasamos tiempo en silencio, sin echar mano de la tecnología para no escuchar lo que nos pasa por la cabeza?

Nuestro ruido interno es el que más nos molesta.

Y tampoco podemos conocernos si cerramos el paso a la autocrítica. Si no nos sometemos a juicio de vez en cuando, vamos a seguir cayendo en los mismos errores, vamos a seguir haciendo las mismas cosas y esperar sin embargo que el resultado sea diferente.

Es bueno someterse a examen de vez en cuando. No para fustigarnos. Sino para conocer en lo que somos buenos/as y en lo que no lo somos tanto. Este es un buen paso para comenzar a crecer.

Pero a lo que iba. Gracias al autoconocimiento y a someterse a un “auto-interrogatorio” he caído en algo. He sido capaz de darme cuenta de que cuando muchas cosas me rondan la cabeza, me cargo más emocionalmente, y por tanto me trato peor a mí misma.

Y me doy cuenta de que estoy más sensible y las cosas me afectan más. Me hablo peor a mí misma, me exijo más y no me permito un error. Si se da tal cosa, enseguida me culpo por ello.

¿Pero sabes qué? ¡Es genial que me haya dado cuenta!

Porque la próxima vez que detecte todas esas cosas, sabré que no soy yo el problema. Sino que el problema está en cómo estoy interpretando las cosas.

Me explico. Ante una situación, hacemos una interpretación de lo que ha ocurrido. Esto está cargado de subjetividad, porque cada persona interpreta dependiendo de las experiencias pasadas, de su sistema de creencias, etc. 

Por eso se dice que nadie vive en el mundo real, porque lo cierto es que cada persona interpreta el contexto que la rodea a su manera, influenciada por múltiples factores. Cada persona vive en su realidad.

Bueno, sigo. Te decía que hacemos una interpretación, y en función de nuestros pensamientos pues se genera en nosotros/as una emoción. Depende de cómo pensamos, sentimos.

Y derivado de nuestros pensamientos y de nuestras emociones tienen lugar determinadas consecuencias, es decir, nuestro comportamiento, nuestra conducta.

Esto es un esquema muy muy básico, pero nos permite comprender cómo funcionamos.

¿Vamos con un ejemplo? Alguien cercano a ti te ha contestado hoy de manera rara, así como mal (situación). Entonces piensas que está molesto/a contigo por algo (pensamiento). Esto te hace estar un buen rato dándole vueltas y te hace sentir mal. Te enfadas porque no entiendes por qué está así contigo, y a la vez estás triste porque no te gusta la situación (emociones). Cuando os habéis vuelto a encontrar, como te sientes molesta, esta vez eres tú quien se mantiene distante y poco receptivo/a (consecuencia/conducta).

Ahora el mismo ejemplo, pero con otra interpretación. En vez de pensar que esa persona está enfadada conmigo pienso que algo le pasa, tal vez tenga un mal día. Mi emoción en este caso es de preocupación, y por tanto mi conducta será preguntarle que por qué me ha hablado así, le pregunto si está bien y si la puedo ayudar.

Como ves, pensamientos, emociones y consecuencias son bien distintas dependiendo de cómo yo interpreto lo que sucede.

Pues esto es lo que me pasa a mí de vez en cuando. Me doy cuenta de que estoy nublada por mis emociones (que bien puede ser por falta de sueño, cansancio, la regla, o qué sé yo), y es hace que me deje llevar mucho por ellas y mis pensamientos se contaminen, y sean más negativos.

¿Qué hago cuando me percato de que estoy entrando en terreno pantanoso? Pues me digo a mí misma que las cosas no son tan tan como yo las estoy pintando, y que seguramente esto me pasa en otro momento y no lo veo de esta manera. Así que dejo ese asunto para otro momento y no intento resolverlo por el momento. Tomo distancia de mis pensamientos, no me identifico con ellos. Esos pensamientos son así en ese momento por mi estado emocional y por las circunstancias.

Si me digo a mí misma que soy un desastre, no me identifico con ello, y enseguida cambio esto por “yo no soy un desastre, sino que esto que he hecho me ha salido mal, y ya me saldrá mejor, o tal vez no, pero no soy yo el desastre, sino que ahora no tengo recursos personales para hacer esto bien”.

¿Se entiende la diferencia?

Bueno, he prometido ser breve pero no sé yo… Cuando hablo de psicología me vengo arriba y me cuesta parar.

Te recuerdo, coge lo que te sirva y deja el resto.

Hasta pronto,

un abrazo.

Qué bonito es ver llover

El otro día íbamos caminando para ir al cole, llovía bastante. Mi hija llevaba la mochila en una mano y el paraguas en la otra. A pesar de llevar el paraguas y un chubasquero, sus mallas se estaban empezando a mojar. Y entonces, en vez de quejarse por el mal tiempo y por mojarse, me dice: “ama (mamá en euskera), podríamos hacer mindfulness y escuchar el sonido de las gotas sobre el paraguas, o mirar cómo caen en el suelo…

Mi hija tan sólo tiene 7 años, y me hizo darme cuenta de que muchas veces perdemos el tiempo quejándonos de cosas que no nos gustan y que no podemos cambiar, que no dependen de nosotros. Ella, en vez de quejarse por la lluvia llevó su atención a otra cosa, a algo que normalmente pasa desapercibido. La lluvia es algo normal, y estamos más que acostumbrados (sobre todo si vives en el norte). Se podría decir que no lo apreciamos.

A mí personalmente me encanta la lluvia, y lo días de mal tiempo me sorprendo varias veces al día asomándome a la ventana para ver llover, o respirando fuerte para apreciar el olor a tierra mojada (ahora esto no es posible, ya sabes, #mascarilla) o escuchando las gotas golpear contra el suelo. Me encanta que llueva. Pero reconozco que no es lo común, y cuando cuento estas cosas hay personas que me miran como si estuviese loca (porque además de esto, no me gusta nada la playa y el sol, y aquí sí que me miran fatal…).

Pero a lo que íbamos, que mi hija no se dejó llevar por el pensamiento común cuando llueve y te mojas, y fue capaz de prestar atención a esa situación “desagradable”.

Hoy no voy a hablar de encontrar el lado positivo a las cosas, que bien podría servir el ejemplo. A lo que me quiero referir en este caso es que cualquier evento habitual, común, cotidiano, nos pasa desapercibido y la mayoría de estas cosas las hacemos de manera automática y sin detenimiento ni contemplaciones.

Vamos a trabajar, cocinamos, conducimos, caminamos, comemos, nos aseamos, etc. Pero no somos conscientes del momento de hacerlo. No prestamos atención a cada bocado, no nos fijamos en la textura o el sabor, y más si tenemos hambre. Tampoco prestamos atención a cómo las gotas de agua caen por el cuerpo cuando nos duchamos, o al olor del jabón que utilizamos. Hacemos estas cosas y punto.

El mindfulness, por si no lo conoces, es una herramienta cuya función es entrenar nuestra atención. Para practicar mindfulness necesitas una mente abierta, sin juzgar como bueno o malo lo que sucede. Simplemente experimenta y sé consciente de lo que sucede. Hay muchas maneras de practicar mindfulness, pero una de ellas es esta, y lo mejor de todo es que no necesitas nada más que a ti mismo/a. Digamos que es una forma de darse cuenta de lo que hacemos momento a momento.

Para las personas más escépticas y que creen que esto es mejor dejárselo a los místicos y yoguis…Tampoco tiene nada que ver con alcanzar el Nirvana y oler incienso todo el día… Te pongo un ejemplo para que veas cómo te puede ayudar practicar mindfulness en tu día a día.

¿Alguna vez te ha pasado que vas caminando, pensando en tus cosas, y de repente te das cuenta que no era ese el camino que querías coger? O que entras en una habitación y piensas “¿a qué he venido yo aquí, qué iba a hacer?”. Esto es lo que se llama “piloto automático”, hacer las cosas por inercia pero sin prestar atención realmente. Vamos pensando en mil cosas y no nos centramos en lo que estamos haciendo, y lo más peligroso de todo es que esta sociedad ha normalizado esto, el estar a todo, y paradójicamente consigues no estar a nada. Para hacer las cosas bien hay que estar a lo que se está, ¿no crees?.

Así que la próxima vez que llueva te invito a que dejes a un lado los pensamientos de ese momento y escuches caer las gotas sobre el paraguas o el cristal de tu ventana, cierra los ojos y escucha (repito, si eres del norte vas a poder practicar mucho, y muy pronto).

No pretendo que te pases a mi bando,  y estoy segura de que no te va a gustar más la lluvia a partir de ahora. Pero me atrevo a decir que por lo menos ese rato vas a estar viviendo el momento presente, y tus pensamientos se van a centrar ahí, y no en la lista de cosas por hacer ese día, o en el cansancio acumulado, por ejemplo. Ese ratito es para la lluvia, y después puedes seguir con tus pensamientos si quieres.

Vuelvo a hacer un llamamiento a escépticos e incrédulos. El mindfulness no es un milagro ni el camino a la sanación, pero si dedicas cinco minutos al día a centrarte de manera consciente en una tarea, la que tú elijas, son cinco minutos que sacas a tu mente de un estado de automatismo e inercia. Te estás regalando cinco minutos para entrenar tu mente, para apreciar una actividad, para equilibrar tu estado emocional, para salir de un mar de pensamientos y de la agitación o estrés cotidiano…Y muchas cosas más. Créeme si te digo que el mindfulness tiene muchos beneficios, a corto y a largo plazo. Y no lo digo yo, lo dicen estudios científicos rigurosos.

Pero aún así, si no confías, te invito a que practiques un tiempo y veas el resultado. Sin trampa ni cartón. Cinco minutos diarios durante un mes. Esta es mi propuesta. 

Un abrazo.

¡Hasta pronto!

Planifica y vencerás

Aquí estoy de nuevo, tal y como te prometí. Gracias por seguir ahí. Si has seguido leyendo mi blog es porque también quieres crear nuevos hábitos o retomar alguno que habías dejado. O simplemente te interese aprender o leer sobre estos temas, que como ya te he dicho son muy comunes.

Te decía que implementar hábitos no es tarea fácil. De hecho, se tardan aproximadamente 21 días en establecer bien un hábito.

Pero también te decía que hay estrategias, y que se pueden aprender maneras de hacer que esos hábitos lleguen a buen puerto.

Vamos a empezar por uno muy sencillo, y te va a quedar muy claro con este ejemplo. Mismo hábito pero planteado de dos maneras. 

Pongo en mi agenda, así en grande, OBJETIVO – HACER EJERCICIO. Bien, está bien.

Mi otro yo pone: Lunes – buscar un deporte o actividad física que me guste; Martes – buscar clases en mi municipio (o si es “salir a correr” por ejemplo pues puedo poner: buscar un camino que no dañe mis articulaciones y sin mucho desnivel); Miércoles – buscar ropa técnica, no muy cara al principio (invertir dinero puede aumentar tu grado de compromiso); Jueves – decidir qué días haré deporte y cuánto tiempo me va a llevar (aumento la planificación).

¿Ves por dónde voy? Cuando te sientes menos productivo, es mucho menos abrumador desintegrar la tarea en otras más pequeñas e ir tachando de la lista las que has cumplido. Si lees “hacer ejercicio” puede pasarte que no sabes por dónde empezar, qué ejercicio hacer, si llueve te da más pereza…Pero si planificas y haces las cosas paso por paso, es más probable que vayas acercándote a tu objetivo. Cuán pequeños son los pasos dependerá de cómo de productivo/a te sientas. Si te ves mejor puedes juntar varios pasos en un día, y si te ves menos pues desgranas los pasos en otros más pequeños.

Cuando son pasos muy pequeños y más fáciles de cumplir, verás que a lo largo de la semana vas tachando, y eso a su vez hace que te sientas mejor y que aumente tu autoestima, porque ves que te acercas a tu objetivo y ves que te organizas y que lo consigues.

Y este sistema de desgranar el objetivo grande en pasos más pequeños vale para todo, para cualquier objetivo.

¿Qué más puedes hacer para implementar hábitos? Pues dime cuál es la “excusa” por excelencia… La falta de tiempo.

El tiempo es el que es y tu día y el mío tienen 24 horas, 1440 minutos y 86.400 segundos. Ni más ni menos.

Así que, ya que no podemos comprar más, pues vamos a pensar en qué es aquello que nos lo roba. Los ladrones de tiempo.

¿Cuánto tiempo pasas mirando el móvil? Jugando, en redes sociales, o haciendo nada en particular. ¿Y viendo la TV?

¿Cuánto tiempo tardas en ducharte/prepararte por la mañana/desayunar/hacer compras/ir al trabajo…? ¿Puedes recortar tiempo de ahí para dárselo a otras cosas?

¿Hay cosas que haces tú pero que podrías delegar en otras personas?

¿Hay tareas que puedes juntar en un día porque supone ahorrar más tiempo? Por ejemplo dejar las compras y los recados para un día a la semana, y así te ahorras el ir y venir cada día.

Estos son algunos ejemplos, pero se trata de que te des cuenta en qué cosas se te va el tiempo y te lo quitan de hacer lo que a ti te gustaría. Piensa en la manera de optimizar. No hagas la compra todos los días, destina un momento del día para estar con el móvil, revisar redes sociales, comprobar correo, etc.

Incluso puedes hacer un horario y poner todas las cosas que haces cada día (levantarse, desayunar, ducha, trabajo, etc.), y si quieres ser más pro, puedes poner cuánto te lleva cada tarea, para ver más claro de cuánto tiempo dispones para el resto de cosas que quieres añadir a tu día, como hacer ejercicio/aprender un idioma/cocinar/bailar/leer…

Planifica y vencerás.

Esto no es una panacea. Aquí no hay polvo de hadas ni promesas acerca de una vida de luz y color. Aquí lo que hay son herramientas que te ayudan a planificarte mejor y acercarte a tus objetivos. Pero el resto lo pones tú. 

Yo te ayudo, pero tú caminas. No lo puedo hacer por ti. Y por tanto todo el mérito también será tuyo.

Tú pon las ideas, la actitud y la fuerza. De la psicología me ocupo yo. 

¿Nos vamos?

Soltar lastre y retomar

!Hola de nuevo! Hacía tiempo que no pasaba por aquí a contarte sobre la vida, sobre la mía y sobre la tuya, porque al fin y al cabo, lo que yo cuento son problemas mundanos. Hoy vengo a contarte que acabo de “cerrar” un capítulo de mi vida y que me siento mejor para recuperar hábitos que he tenido que abandonar. Bueno, lo de he tenido lo cojo con pinzas, porque en verdad no he tenido ninguna obligación, y muchas veces es más problema de una organización ineficaz, en mi caso causada por el agotamiento.

Y es que también nos tenemos que dar permiso. No siempre estamos al 100% y es de sabios también asumir cuando una no puede con todo y se siente sobrepasada. No es que me haya pasado algo concreto que no he sido capaz de afrontar, ni tan siquiera la pandemia. Simplemente hay varias cosas que han coincidido en el tiempo y al principio pensaba poder con todo, pero después me he ido dando cuenta de que en vez de dejarme comer por el estrés, el perfeccionismo y la frustración, creí que era mejor opción parar. Parar, descansar, pensar, y seguir a su debido tiempo.

No sé si tomé una buena decisión, pero en ese momento me sentía abrumada y veía que quería hacer muchas cosas a la vez. Un día me di cuenta de que llevaba un par de semanas más cansada de lo normal, no me sentía bien físicamente, me estaba alimentando peor, no descansaba bien…Mi cuerpo me estaba diciendo que algo no estaba haciendo correctamente, y la verdad es que no es buen sistema querer hacerlo todo cuando no tienes recursos, y además querer hacerlo todo a la vez.

Así que hoy vengo a proponerte algo. Te voy a contar mi experiencia, y a partir de ahí coge lo que te sirva.

La primera decisión que tomé fue parar, colocarme en perspectiva y hacer autocrítica (constructiva).

Hay veces que somos más productivos y otras que somos menos. Yo en este momento no soy muy productiva, me he ido quedando atrás. Tengo dos opciones: seguir hasta que explote o parar y coger aire. Obviamente estarás conmigo en que hay que coger la segunda.

Pues bien, aquí es donde yo priorizo. ¿Qué es lo más urgente e importante? Pues a eso voy a dedicar mi tiempo y mi esfuerzo. Y eso fue lo que hice. He pospuesto todo aquello que me quitaba energía y que no era urgente.

Y hago aquí un paréntesis. ¿Sabes lo que me ayudó a sentirme mejor además de darme cuenta y hacer algo para salir de esa situación? Exteriorizar. El simple hecho de contar lo que me estaba pasando me liberó en cierta manera. Y creo que tiene que ver con que yo también soy humana, y aunque sea psicóloga no soy menos humana. Tengo un bolso a lo Mary Poppins lleno de recursos y herramientas, sí. Pero hay veces que el contexto manda. Qué sé yo, puede venir una pandemia y poner nuestro mundo patas arriba. ¿Te imaginas? (Guiño). 

Asumí que necesitaba descansar y priorizar, y que todo eso que había dejado de lado lo podría hacer más tarde.

Y por eso estoy hoy aquí, porque quiero retomar la escritura. No te voy a engañar, yo tenía un hábito y todas las semanas destinaba un día para escribir y pensar en otros temas que te podrían parecer interesantes. Y cuesta retomar hábitos, cuesta organizarse. Pero lo cierto es que hay sistemas y hay técnicas, y se pueden aprender. De eso sí que sé. Así que ahora que me siento de nuevo con ganas y ya estoy dando salida a todo aquello urgente e importante, en esas estoy.

Quiero tener nuevos hábitos. Uno de ellos es este blog, pero también quiero empezar a hacer ejercicio, quiero cambiar mi alimentación y quiero empezar un nuevo proyecto.

Estarás pensando que voy a petar otra vez y que hace un par de meses estaba a punto de explotar y por eso decidí descansar. Pero mis valores me dicen qué hacer, y tengo mucha ilusión por lo que está por venir, y estar en constante movimiento me gusta, me hace tener inercia para seguir, me motiva. Hacer cosas es un motor para mi y da sentido a mi vida.

Ilusionarse con algo da sentido. Piensa un momento en cosas que te motivan, que te ilusionan, que te ponen en movimiento, que te hacen pasar a la acción, que te sacan de la cama por la mañana…Esa es una sensación muy muy placentera para mí, la ilusión.

Voy a detenerme aquí. Quiero que visualices todo aquello que te ilusiona. No tiene que ser nada trascendental, porque la motivación también está en las pequeñas cosas que hacemos cada día.

Mañana te sigo contando eso de empezar nuevos hábitos y qué cosas te pueden servir para implementarlos.

P.D. Si te cuesta dar con las cosas que te ilusionan, un truco es revolver en tus valores. Busca por ahí a ver qué cosas son importantes para ti. No pienses en cosas que se esperan de ti o que son socialmente aceptadas y deseadas…Piensa en ti, en lo que quieres para tu vida, en las cosas que te acercan a tu yo ideal. A partir de ahí, iremos tirando del hilo.

Aquí te dejo hoy, y mañana retomamos.

Un abrazo.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar