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¿Izquierda o derecha? Izquierda, because left is always right.

Si fuésemos marionetas y nuestro cerebro manejase los hilos, lo haría en forma de X. Es decir, el hemisferio derecho dirige la parte izquierda del cuerpo y el hemisferio izquierdo dirige la parte derecha.

El hemisferio izquierdo domina los procesos racionales, cognitivos, y por tanto está gobernado por el lenguaje. Mientras que el hemisferio derecho está involucrado en los procesos emocionales.

Por este motivo, en los primeros años de vida de un ser humano, el hemisferio derecho -que se corresponde al lado izquierdo del cuerpo- es muy importante.

Las psicólogas Brenda Todd y Victoria Bourne han logrado demostrar que al colocar a un bebé sobre el brazo izquierdo de su madre, ésta lograba sintonizar mejor a nivel emocional con su hijo. El título de la investigación es el siguiente: When left means right: an explanation of the left cradling bias in terms of right hemisphere specializations (Cuando izquierda significa derecha: una explicación del sesgo de acunar a la izquierda, en términos de especializaciones del hemisferio derecho).

Según estas investigaciones, esta postura permite a la madre hablar, cantar o susurrar hacia la oreja izquierda del bebé, le permite estimular su parte izquierda del cuerpo tocando su mano o su pie. O incluso mantener un contacto visual con el ojo izquierdo. Todo ello conectado en forma de X con el hemisferio derecho del niño, es decir, su cerebro emocional.

Al actuar de este modo, explican las investigadoras, las madres logran responder de una manera más rápida y adecuada a las necesidades del bebé, porque cada respuesta impacta directamente en el hemisferio derecho, regulando sus emociones. 

Pensarás que qué pasa con las mujeres zurdas. El estudio revela que ellas también elegían el brazo izquierdo para acunar, por el bien del bebé y no por comodidad, puesto que lograban calmarlos antes y mejor.

Estas investigaciones se han visto respaldadas con los estudios de la teoría del apego, los cuales ratifican que al estimular el lado derecho del cerebro se desarrollan más la inteligencia emocional y la empatía, y se activan procesos que permiten, entre otras cosas, descifrar expresiones faciales, percibir necesidades de un ser querido, leer el lenguaje no verbal, sentir seguridad o amenaza, percibir motivaciones o inquietudes de una persona, etc.

Desarrollar la inteligencia emocional es importante por varios motivos:

  • Nos permite relacionarnos mejor con los demás, ayudándonos a entender y expresar nuestras emociones, lo cual es esencial para una comunicación clara y empática. Esto facilita la creación de vínculos sólidos y reduce los malentendidos en nuestras relaciones personales y profesionales.
  • Al ser conscientes de nuestras emociones, también somos más capaces de reconocer y comprender lo que sienten los demás. Esto facilita la empatía, que es clave para crear un entorno de respeto y apoyo mutuo.
  • Favorece el autocontrol, ya que nos permite manejar mejor emociones intensas como el estrés, la ira o la frustración, evitando que reaccionemos impulsivamente. Esto contribuye a tomar decisiones más reflexivas y adecuadas, incluso en situaciones difíciles y a enfrentar los desafíos de la vida con mayor resiliencia, recuperándose con mayor facilidad de las adversidades.
  • Contribuye al bienestar mental, porque, al saber manejar el estrés y entender nuestras emociones se reduce el riesgo de problemas como la ansiedad y la depresión, mejorando nuestra calidad de vida y promoviendo un estado mental equilibrado.

Desarrollar la inteligencia emocional nos permite vivir de manera más equilibrada y satisfactoria, y nos brinda herramientas para relacionarnos mejor y enfrentar la vida con mayor fortaleza.

Así que, la próxima vez que beses, acaricies, susurres al oído o hagas una petición, hazlo en la parte izquierda de la otra persona para concertar con su cerebro emocional y lograr así una mayor conexión.

Con cariño y buena letra

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos haciendo cosas. Pero, ¿cuántas de esas cosas hacemos de manera consciente? ¿Cuánto cariño y dedicación hay en esas acciones?

Hacer las cosas con una buena actitud, con paciencia y con amor, tiene múltiples beneficios a nivel personal, en nuestras relaciones y en nuestro desempeño. 

  1. Te enfocas en los detalles y te esfuerzas en conseguir un resultado satisfactorio. Esto te lleva a un trabajo cuidadoso y bien hecho.
  2. Genera una profunda sensación de satisfacción y orgullo. Sentir que has hecho lo mejor posible en cada tarea, grande o pequeña, incrementa la autoestima y proporciona un sentido de logro y bienestar personal.
  3. Cuando haces algo para otros con cariño, estas acciones generan confianza, respeto y aprecio. La gente percibe cuando haces algo con amor y dedicación, lo que crea conexiones más fuertes y relaciones más sanas.
  4. Las tareas resultan más significativas. En vez de verlo como algo obligatorio, se logra la aceptación y se percibe como una oportunidad de mejora, disfrutando del proceso, lo que incrementa la motivación y la energía y reduce el estrés.
  5. Cuando das lo mejor de ti, mejoras tus habilidades, ya que se fomenta el aprendizaje y te ayuda a superarte.
  6. Te conecta con emociones positivas como el agradecimiento y la compasión, cambiando tu enfoque hacia la vida, haciéndote más optimista y empático, lo que mejora tu bienestar emocional y tu interacción con los demás.
  7. Y por último, actuar con cariño y dedicación deja una huella en el mundo. Las personas recuerdan y valoran el esfuerzo y el amor que pones en las cosas. Esto te permite construir una reputación sólida y un legado positivo, tanto en tu entorno personal como profesional.

Te propongo algo muy sencillo — o no, pero te lo propongo igualmente, a modo de reto —. Te invito a cocinar para ti o para alguien, de manera consciente, poniendo todo el cariño y amor del mundo. Piensa en la cocina de toda la vida, la tradicional, la de las amamas/abuelas. Y si te atreves con lo desconocido, prueba con algo nuevo, vanguardista, que desafíe los cinco sentidos. Como amante de la creatividad que soy, considero que lo viejo y lo nuevo pueden llegar a maridar muy bien.

La dedicación y el cariño caben en todas las cocinas. Bon appétit!!

Pensar mucho cansa, pero es buena droga 

Cuando uno busca, encuentra. Esto es así.

Si yo creo algo, mi mente cambia de modo, y automáticamente pone el foco en aquello que confirma mi hipótesis. Todo lo que la desmiente queda fuera.

Tiene su lógica…Tu mente quiere lo mejor para ti, tranquilidad, todo facilito y cero esfuerzo. Y cambiar de hipótesis, o buscar más argumentos que la apoyen da trabajo. 

No. Tu mente no quiere eso. Es más fácil confirmar lo que ya piensas, y todos contentos.

Entiendo que has captado el tono ¿verdad? Exacto, era ironía.

Por supuesto que es mejor dejar las cosas como están, más cómodo. Pero es una trampa que nos ponemos nosotros mismos. 

La verdadera inteligencia es aquella que cuestiona. Es maravilloso cultivar nuestro propio criterio y ser fieles a él, porque actuar con criterio te llevará por buen camino. Pero tener pensamiento crítico es igual de maravilloso, y eso incluye la autocrítica.

Pegarle un lavado de vez en cuando a nuestros criterios no está de más. Si después de un análisis sigues pensando que tus criterios están bien como están, pues estupendo. Pero si hay algo que de una forma u otra te llama la atención, préstasela. Cuestiónate de vez en cuando, pasa tiempo a solas y haz limpieza en el “ático”, pégale un buen repaso de vez en cuando.

Es costoso, lo sé, pero los beneficios son muchos. Uno de ellos es que te protege un poco más de la manipulación. 

La gente se cree todo aquello que apoya su visión del mundo. Si tú tienes una idea, por muy vaga que sea, y hay personas que alimentan esa idea, puede que estés corriendo riesgos. Qué sé yo, la ignorancia es la madre del atrevimiento. Si te dejas llevar, sin esfuerzo, como uno es arrastrado por la corriente y se rinde, puede que tus pensamientos estén lejos de tu criterio y acabes pensando como los demás, pero no sabes cómo has llegado ahí, no lo sabes argumentar ni justificar. 

No me malinterpretes…Está muy bien subirse a determinadas corrientes e identificarte con algunas ideologías. Pero jamás dejes de revisar tus criterios, jamás te sueltes de la mano del pensamiento crítico, jamás des todo por sentado para siempre.

Las conversaciones son mucho más interesantes cuando uno pregunta, aporta, reflexiona, contrasta, debate, escucha muchas opiniones diferentes… Nadar en el pensamiento y no seguir siempre la misma corriente puede resultar enriquecedor. Y a mí personalmente me sirve mucho aprender a escuchar en vez de hablar… Y aprovecho mi silencio para tomar notas.

Me gusta escuchar. Me gusta hablar. Me gusta pensar. Me gusta aprender. Me gusta escribir. Y algún día me gustaría enseñar. De una forma o de otra, procuro hacer todo esto cada día.

A ti pueden gustarte otras cosas, pero te animo a que tengas todo esto en cuenta y lo incorpores a tu vida. Si no te sirve o no resuena contigo, pues a otra cosa. Y si te ayuda en algo, me encantaría que me lo contases y que podamos tener una de esas conversaciones que hacen que el tiempo pase volando. 

Un botiquín básico, un chequeo y un protocolo para las crisis

En el post anterior te hablaba, entre otras cosas, de que algunas veces, cuando sentimos ansiedad no la habitamos, sino que intentamos taparla. Y esto nos lleva al fracaso, porque sentimos alivio al principio, pero la ansiedad vuelve. El resumen es que la ansiedad no desaparece para siempre jamás. Y esto tiene que ser así, porque la necesitamos y porque es inherente al ser humano. 

El problema de todo esto, paradójicamente, es que en vez de hacerla caso y escucharla, la evitamos. Y como la evitamos, a veces grita más fuerte. Nos genera sufrimiento y encima no se va. 

Hay muchas tiritas para la ansiedad. Una de ellas es obvia: aprender a gestionar nuestras emociones. Hay otras, pero no son tan eficaces. De hecho, son intentos de llenar huecos y calmar por un tiempo — muy breve— nuestra emoción. Este tipo de tirita tiene muchos nombres: comida, bebida, compras, experiencias sexuales, adicciones, enganche al trabajo, a las emociones fuertes —inserta aquí si se te ocurre alguna otra cosa—. Todo esto es pasajero, claro está. Es placer a corto plazo, es un parche. Nos damos un atracón para llenar un vacío o aliviar el malestar, pero en cuanto pasa el placer, ahí está la ansiedad de nuevo.

No tiene sentido ir contra ella, porque nos va a ganar. Son intentos de llenar lo que no se llena nunca, son intentos de aliviar lo que termina por volver a molestarnos. Lo lleno es el objetivo del consumo, pero quien llena y llena siempre va a seguir sintiendo insatisfacción. Y he aquí otro dato: la satisfacción se encuentra precisamente en la ilusión por conseguir cosas, en la sensación de trabajar en algo que va dando sus frutos, en el proceso que nos permite conseguir eso que queremos, o al menos nos acerca. 

La opción inteligente es hacer caso a la ansiedad, pero de una manera determinada. El primer paso es disminuir la intensidad para después dejar vía libre al segundo paso, que es ir al origen de la ansiedad. A veces el origen es un problema concreto, con nombre y apellidos, y otras veces el origen es un patrón de pensamiento, vivir en el papel de víctima, obedecer a patrones de comportamiento que se rigen por normas sociales y/o familiares, insatisfacción vital… En cualquier caso, primero lidiamos con la emoción directamente, y después le cedemos la palabra a la razón.

Captas la idea ¿verdad? Es como cuando un niño tiene una rabieta y no atiende a razones. Primero calmamos la emoción y después le pedimos que nos explique lo que le pasa y en qué le podemos ayudar. Intentar razonar con un niño en plena rabieta es como pedirle a dos adultos que se están tirando los trastos a la cabeza que se comuniquen el uno con el otro para solucionar el problema. Hasta que la emoción no disminuye la intensidad el cerebro no piensa con claridad, y poco se le puede pedir.

Para gestionar la emoción seguro que conoces muchas técnicas o maneras de proceder, como la respiración diafragmática o cualquier ejercicio que nos sirva para relajar el cuerpo. Y también pautas para relajar la mente —que es la causante de retroalimentarnos y hace que la emoción no se apee del burro—. Un ejemplo es repetirse un mantra que nos distraiga de aquello que nos genera ansiedad. 

Abro paréntesis. Esto es un pequeño botiquín de andar por casa, pero si tienes serios problemas para gestionar la ansiedad no te quedes en este post y pide ayuda. Si algo tiene la psicología es un montón de herramientas para gestionar la ansiedad. Cierro paréntesis.

Una vez hemos completado el paso uno —aquí cada uno que sopese cuál es un nivel de intensidad adecuado, porque cada uno tiene su umbral y soporta más o menos—, nos vamos a la parte dos, la racional.

Como te decía, en este paso vamos a las bases, a lo que me genera ansiedad. Y para ello tengo que preguntarme qué está pasando en mi vida ahora, qué me puede estar desequilibrando, qué es aquello que se me está haciendo bola. Se podría decir que tienes que hacer de vez en cuando un check-in para después poner las cosas en orden.

Como en la mayoría de mis post, aquí entran en juego los valores. ¿Cómo hago esta revisión de vida? Saco mi lista de valores, esos que me sirven de guía y aquellos que quiero cultivar, y después compruebo si lo que hago habitualmente me acerca o me aleja de la persona que quiero ser o en la que me quiero convertir. Compruebo si mi estilo de vida es el que quiero realmente. Compruebo si estoy en el camino que probablemente me lleve a cumplir mis objetivos.

Por último, te propongo un ejercicio más que ayuda a calmar la mente, y me sirvo de una metáfora. Cuando uno se siente mal, la mente hace interpretaciones de las cosas con un toque más negativo, a veces más dramático, más catastrofista… Aquí lo suyo es que, en esos momentos, no nades en ese pensamiento, sino que simplemente lo apuntes y lo dejes para otro momento. ¿Por qué razón? Aquí va la metáfora. 

Un protocolo no se diseña en un momento de crisis o una urgencia, se diseña en frío, para tener más capacidad, para pensar mejor, para tener en cuenta todos los factores y alternativas, para encontrar soluciones más eficaces… Con las preocupaciones pasa lo mismo. No intentes solucionar en un momento de crisis. Cuando estés mal, anota el pensamiento y diseña el protocolo cuando estés bien. Cuando vuelva el malestar ya habrás gestionado ese pensamiento de una manera más adecuada, y en tu momento de crisis no te va a afectar tanto. 

Como te digo, esto es un nivel básico, un pequeño kit. Si necesitas o quieres profundizar te animo a que des un paso más.

Hablemos de ansiedad y del síndrome FOMO

Lejos de darte una clase magistral acerca de qué es la ansiedad, ejes de respuesta, consecuencias y todo eso, te voy a contar algo que tal vez no te guste.

La ansiedad es muchas cosas, pero sobre todo es una gran aliada. Eso no quiere decir que nos tenga que gustar o que nos resulte fácil convivir con ella.

Cuando sentimos ansiedad, enseguida corremos a hacer cosas para taparla, como se hace con los parches en los rotos del pantalón. ¿Qué tipo de cosas hacemos? Mil y una. Desde atiborrarnos a ansiolíticos hasta llenarnos la agenda con el objetivo de mantenernos ocupados/as para no pensar ni sentir. También es poner un parche, beber, fumar, comer, comprar… Pero, ¿y si te digo que aquí hay un potencial que desplegar? 

Para explicarme mejor voy a hablarte del síndrome FOMO (fear of missing out). ¿Alguna vez has sentido que, no importa donde estés, no acabas de sentirte a gusto? Como que siempre quieres estar en otro sitio. El síndrome FOMO se refiere al miedo a estar perdiéndote algo, y te lleva a compararte con la vida de los demás. ¿La consecuencia? Los demás viven mejor, son más felices, hacen más cosas y sienten más satisfacción que yo. Eso es lo que nos lleva a pensar este síndrome.

Estarás de acuerdo conmigo en que esto genera mucha ansiedad, porque claro, a ver si me voy a estar equivocando de vida, a ver si en vez de esto debería elegir lo otro, a ver si estoy perdiendo el tiempo con esto, y a mi edad… ¿Qué mal no? Apesta a insatisfacción. Y es que encima tiene una cara B, que es el bloqueo a la hora de tomar decisiones, no vaya a ser que me equivoque y me arrepienta, y me esté perdiendo algo…

He aquí un apunte: no todo es culpa nuestra. Es nuestra responsabilidad no entrenar el músculo de la toma de decisiones — spoiler: tiene solución, y es relativamente fácil salir del atascamiento—. Pero, tal y como está planteado el mundo, me atrevería a decir que un alto porcentaje de la población ha caído en esto de sentir angustia por no saber para dónde tirar y encima no encontrar satisfacción estando como está.

El mundo cambia a una velocidad que a veces da vértigo. La realidad nos atropella. Cuando aprendes algo y lo compartes, de repente hay alguien que te dice que eso ya no es así, y lo que has comprado hace dos meses está obsoleto, y lo que hace un año era sanísimo ahora es tóxico y aumenta el riesgo de cáncer… No me extraña que tengamos esa sensación de que si voy por aquí me estoy equivocando y además me estoy perdiendo cantidad de opciones… El resumen es que hay que correr y coger lo que puedas por el camino, pero rápido porque eso se va y no vuelve. Pero es que todavía hay más, porque para aliviar esa ansiedad y esa angustia, hacemos un montón de cosas, y eso también no estresa. !Toma! Hay tanto donde elegir, tantas opciones, tanta información, tantos estímulos, que todo nos resulta verdaderamente abrumador. Qué pequeños somos verdad? Estoy segura de que tú también crees que mucha, muchísima gente, se siente atrapada en este remolino o ha estado cerca alguna vez.

Tal vez la respuesta la encontremos en la siguiente premisa: no sabemos perder. No nos han enseñado a perder. Lógicamente, todo el mundo quiere ganar, pero no se puede ganar siempre y ganarlo todo, sin riesgos, sin pérdidas, sin una mínima inversión o sacrificio. Cada vez que tenemos que tomar una decisión nos atascamos en el proceso, porque buscamos un win-win, sin costes y con todo el beneficio. Estarás de acuerdo conmigo en que esto genera un gran sufrimiento. Y no solo eso, ya que puedes hacerte una idea de cuántas vidas se quedan como están por una incapacidad para decidir, por miedo a perder. 

Pero déjame decirte que cuando tengamos que tomar una decisión, y más si es importante, tendremos que sacrificar algo. Y no pasa nada, así está bien. Es mejor centrarse en lo que has ganado, y asumir que para conseguir eso hay que pagar un peaje, pero que merece la pena.

Una clave para salir del atascamiento es recordar quién eres, cuáles son tus necesidades, tus sueños — qué le pides a la vida —, tus objetivos, etc. ¿Acaso sabes cómo quieres que sea tu vida? ¿Cómo te ves dentro de 10 años? Un error muy común —y aquí otra vez nos viene la ansiedad— es que tenemos muchos planes y proyectos, y los queremos hacer todos a la vez. Para esto, prioriza, haz un plan a medio-largo plazo que contemple todo, pero no a la vez. Y si a medida que avanzas, cambias de planes, tampoco pasa nada. El plan de vida se va haciendo y deshaciendo sobre la marcha, pero ganas mucho si asientas las bases.

Esto que te propongo no es más que un intento de poner tu vida en equilibrio, de poner lo importante en el centro y después añadir lo demás.

Con este post quiero que pienses en qué cosas son las que te hacen balancear, las que te sacuden y te mueven de tu centro, las que te angustian y te llevan a comportamientos reparadores, como comprar, discutir, comer de manera impulsiva, no dormir… No busques tapar ni poner un parche.  Mira de frente, asume y soluciona. Los síntomas que tienes, tu angustia, tus agobios, no son rotos a remendar. Todo eso nos habla a veces alto y claro, nos dan pistas de lo que está fallando en nuestra vida, y por tanto tenemos una oportunidad para desarrollar nuestro potencial.

Discúlpeme si no le agrado, es que quiero ser feliz

Esta mañana he leído un post muy interesante en redes sociales, publicado por una psicóloga de las de verdad, de las que tienen años de formación a sus espaldas y no llenan sus blogs de frases preciosas pero vacías de contenido. Lo que venía a decir es que, desde nuestra infancia, se nos enseña a mejorar en aquello que se nos da peor, con un “tienes que esforzarte más” — ¡ja! como si siempre fuera solo cuestión de esfuerzo la cosa —, y en lo que se nos daba bien recibíamos un “qué bien, sigue así”. El ejemplo que ella ponía es que si sacábamos un 5 en matemáticas y un 10 en música, nos apuntaban a clases de matemáticas y no de música.

Por eso me ha apetecido volver a hablarte de la Psicología Positiva. Esta corriente de la psicología estudia aquello que es bueno para la vida. Entre otras cosas, se centra en el bienestar psicológico y en el desarrollo de fortalezas y habilidades como medio para lograr el desarrollo óptimo de la persona, y por tanto, que ésta consiga una vida que merezca la pena ser vivida.

La Psicología Positiva considera que la búsqueda de la felicidad pasa por disfrutar del camino, de la vida, y por eso no entiende la felicidad como un fin o un objetivo. Por eso te decía en mi post de Instagram (@naiararuigomez por si tienes Instagram y, si no tienes, te lo cuento ahora) que hay dos opciones: la primera es desarrollar esas habilidades y fortalezas para alcanzar la excelencia y ser brillante en aquello que mejor se te da; o la segunda opción, totalmente legítima también, de intentar mejorar en aquello que no se nos da bien y llegar a estar en la media.

Esta segunda opción no es mala, porque el desarrollo personal siempre es buena opción. Elegir esforzarse en ser mejor persona, en ser una mejor versión de ti mismo/a es positivo y digno de alabanza.

Sin embargo, si tuviese que elegir entre las dos opciones, yo me quedo con la primera por varias razones.

La primera, porque disfrutaría mucho más haciendo más de algo que me gusta, y además, si se me da bien, mi autoestima sale fortalecida y mejora mi percepción de autoeficacia. Por último, el camino es mejor, disfrutas haciendo y no te centras sólo en la meta. Ya te he dicho antes que la felicidad no es el fin, sino el camino.

La segunda razón es porque perseguir sueños ajenos o cumplir las expectativas de otros te convierte en una persona infeliz. Te decía que es genial querer mejorar, pero en el caso que hoy te traigo no se trata de un deseo intrínseco por el desarrollo personal. En este caso se trata de querer mejorar algo que los demás consideran que no es suficiente.

Esto de esforzarse por cumplir expectativas ajenas en un problema muy común, relacionado también con el perfeccionismo, por ejemplo. Muchas personas son perfeccionistas para cumplir con las expectativas de otros, lo cual genera mucho desgaste, frustración, culpa, insatisfacción, etc.

Así que he aquí mi pregunta para ti: si tuvieses que elegir en qué inviertes tus esfuerzos ¿con qué opción te quedas? ¿Mejorarías en aquello que te gusta y además se te da bien para ser mucho mejor aún? 

Hoy lo dejamos aquí, y otro día te cuento más sobre ese gran lastre que es el perfeccionismo. Ya sabes, todo en su justa medida está bien, pero la autoexigencia y la perfección llevadas al extremo traen consigo mucho sufrimiento.

Lo dicho, hasta aquí por hoy. Te deseo un buen fin de semana y que tengas la oportunidad de hacer cosas que te hagan disfrutar.

Me parece buena idea no pasarse la vida intentando complacer a los demás. Si no te complaces a ti mismo, acabarás sin complacer a nadie. Pero si te complaces a ti mismo, quizás complazcas a alguien más.

Groucho Marx

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